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Un clásico de la antropología urbana

José Luis Molina

Universitat Autònoma de Barcelona

Monod, Jean (2002). Los Barjots. Etnología de bandas juveniles [Les Barjots, 1968] . Barcelona: Ariel.

En una reciente revisión de la bibliografía recomendada en los diferentes programas de las asignaturas de antropología social de la UAB descubrimos con asombro que Claude Lévi-Strauss había prácticamente desaparecido de las listas. ¿Qué había pasado? ¿Por qué de ser una de las referencias obligadas de los 70 y los 80 había pasado de moda a principios de los 10? ¿Por qué había dejado de ser una fuente de inspiración en los temas antropológicos y en sus tratamientos, sobretodo habida cuenta de su influencia en otras disciplinas? La respuesta es difícil, pero ensayemos ésta: equivocado o no, Lévi-Strauss afirmaba alguna cosa sobre el mundo, sobre los fenómenos culturales, en lugar de abandonarse, sumergirse, desaparecer en los supuestos universos de significados del Otro. El intento de hacer modelos parsimoniosos de la realidad en lugar de afirmar la infinita complejidad de la cultura, su carácter inefable, decididamente está (¿o estaba?) pasado de moda.

Personalísimo o no, el método estructural leviestrosiano constituye una guía heurística para la ordenación de la cultura y, por las razones que sea, este método en manos de su alumno, Jean Monod, permite entender de manera convincente las subculturas de las bandas juveniles en el París de principios de los 60 y sus relaciones mutuas. Voyous, Esnobs, Dandies y Beatniks no sólo se oponen al trabajo adulto, que les espera, y a la familia, que los prepara insuficientemente, sino que construyen su subcultura entre esos dos mundos, estableciendo límites simbólicos en el lenguaje (barjot, inversión de jobard, loco, desviado a su vez) y en la vestimenta y afirmándolos a su vez con la violencia, no sólo ritual. Los sujetos etnológicos cambian pero la cultura es la misma en todas partes, parece afirmar el libro de Monod, así como las Mitológicas afirman que todos los mitos intraducibles de zonas desconectadas del mundo, y sin embargo idénticos, son, en realidad, la expresión de la unidad de la cultura humana, de la significación y del lenguaje.

Pero sería injusto considerar esta obra como una mera exploración de las potencialidades del método estructural a las tribus urbanas de mediados del siglo XX, de París en este caso. No sin razón, Carles Feixa y Oriol Romaní catalogan en el prólogo de “clásico” el trabajo de Monod. Es clásico, efectivamente, y lo es por una multitud de razones. En primer lugar, porque fija los límites del objeto de estudio y las líneas maestras de su desarrollo. El fenómeno de las bandas juveniles hay que situarlo primordialmente en el campo de la cultura y no en el de la delincuencia o las deficiencias del sistema. Las bandas juveniles son, negándola, la expresión de la sociedad. En segundo lugar, porque el mecanismo creativo fundamental para la construcción de estos estilos de vida es la inversión, la oposición. Un juego de oposiciones, interno y externo, en constante transformación. Ahora bien (y ésta es la tercera razón), el libro de Monod es clásico porque tiene razón avant la lettre: hay que examinar simultáneamente el campo y el habitus para entender un fenómeno social (Bourdieu sí está de moda). Y Monod es implacable en esto: las pandillas, más allá de su exhibicionismo, son básicamente grupos de individuos ociosos. Si son de clase social baja o marginal saben perfectamente que “(...) la insuficiencia de los ingresos obtenidos por el trabajo – incluso continuado y regular, y de jornada completa – obligaba a buscar otras fuentes accesorias. Todos se negaban a perder la vida para ganársela. Además, les bastaba ver a sus padres para comprender que los que trabajan son pobres, mientras que –pensaban—cuanto más rico es uno, menos trabaja. Comenzaban, pues, por no trabajar.” (pág. 223-224).
En cambio, para los beatniks, hijos de otras clases y con otros niveles de ingresos, “si el ideal estético es no dedicarse a ningún trabajo –o a ninguna obra—sin por ello dejar de vivir, los beatniks de posición más elevada son aquellos que encuentran sus principales fuentes de ingresos dentro del mismo medio que forman” (esto es, revendiendo drogas a sus congéneres, Cf. pág. 187).
Estos jóvenes son, además, los valedores entusiastas de una estrategia del mismo capitalismo avanzado que pretenden negar: el consumo de la industria de las diversiones.

En el estado actual de la sociedad, los jóvenes constituyen una clase no como productores, sino como consumidores; para las diversiones, no para el trabajo. Dejando esto sentado de una vez para siempre, la cuestión es adaptar al máximo a los jóvenes a esta situación limitada. Los métodos son conocidos; son los mismos practicados en las empresas con la complicidad de los sociólogos, psicólogos y psicólogos sociales. Para que los jóvenes “se adhieran” al mundo nuevo construido tomándolos como base, sus necesidades han de verse constantemente solicitadas; y deberá administrárseles a dosis masivas potentes y reiteradas, el alimento cultural que, en suma, ellos mismos creerán estar fabricando. ¿Acaso no es “hacer música” girar el botón del transistor? Todos son a la vez productores y consumidores [...] en un frenesí colectivo y un clima de “participación” que define muy explícitamente el “salvajismo”, en su versión occidental; todos, el ídolo y el fan. (pág. 163)

El campo de los estilos de vida posibles nos ayuda a colocar los discursos en su sitio. Pero la originalidad de Monod no acaba aquí. Monod explora concienzudamente los avances teóricos que pueden hacerle entender mejor su objeto de estudio, muy especialmente el análisis de redes sociales. La influencia del libro de Whyte, Street Corner Society (1943) es patente en muchas partes de la obra: en la sucesión de personajes, en el intento de hacer un análisis de las posiciones sociales y los sistemas de influencia. Aunque menos explícita, la influencia de Homans, The Human Group (1950) también se hace notar en su intento de establecer los límites internos y externos de las bandas. Si estos intentos vienen de la sociología recién constituida, el análisis de las redes de alianzas de las bandas parisinas es, en gran parte, una trasposición del análisis de las redes de alianzas de tribus gouro de la Costa de Marfil ensayadas por Meillasoux en 1964. Aquí y allá, los resultados no pasan de un mapa con líneas diferentes. Y es que a las formidables intuiciones le faltaban el aparato técnico que sólo ahora empezamos a esbozar para poder obtener respuestas a las dinámicas de formación, conflicto y disolución de los grupos, camarillas y bandas, en permanente composición y descomposición. No obstante, las múltiples afiliaciones de un individuo es efectivamente el punto de partida para afrontar el análisis de las estructuras sociales, parafraseando a Simmel y su Conflict and the Web of Group-Affiliations [1922].

Por último, el libro de Monod es clásico porque es inclasificable. La influencia de Lévi-Strauss no sólo se ve en el método estructural sino en el dominio del lenguaje. Monod alterna capítulos de impecable desarrollo académico, basados en ingratas recolecciones de datos (como los francos que gastan de media o los días pasados en la cárcel), con relatos realistas que arrebatan al lector como si de una novela de intriga se tratase. Es cierto que aquí se adelanta también a las narrativas antropológicas que han caracterizado el final de siglo, por ello no insistiremos. Pero es que Monod no se queda aquí, no se limita a seguir al maestro en el método, a ser un académico concienzudo, a intentar estar a la altura en el uso del lenguaje, sino que se permite componer una obra coral que trasmite mensajes más allá de la suma de las partes. Como en los mitos, los mensajes están más allá de lo dicho, en la estructura del relato. En ningún lugar está escrito pero sin embargo Monod se venga de sus personajes, que a su vez intentaron aprovecharse de él. O al menos se venga de Freddy: tullido, retorcido, esquivo cobarde, marrullero ... ¿qué quién es Freddy? Amigos, hay que leer a Monod para saberlo ...

Bibliografía

Homans, George (1963). El grupo humano [The Human Group, 1950]. Buenos Aires: Eudeba.

Meillassoux, Claude (1964). Anthropologie économique des gouro de Côte d'Ivorie. De l'économide de subsistance à l'agriculture commerciale. La Haye: Mouton & Co. and École Practique des Hautes Études.

Simmel, Georg (1955). Conflict and the Web of Group-Affiliations [1922]. Glencoe: The Free Press.

Whyte, William Foote (1955). Street Corner Society. Chicago - London: The University of Chicago Press.

 

 
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