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Breve aproximación a la realidad
religiosa contemporánea de origen africano en Cuba:
el Palo Monte, más allá de la Santería (1)
Josep Martínez Garrido
Universitat Autònoma de Barcelona

Bajo el epígrafe "breve aproximación a la realidad religiosa contemporánea de origen africano en Cuba: el Palo Monte, más allá de la Santería". Me gustaría ofrecer una pequeña visión de la compleja situación religiosa cubana. Esta presenta una realidad más heterogénea de la que a simple vista se percibe desde Occidente con el genérico metonímico de Santería. La Santería es tan sólo una de las manifestaciones religiosas de raíz africana que se dan en Cuba, efectivamente la mayoritaria, pero que esconde en su sombra toda una serie de desarrollos independientes y paralelos en constante proceso histórico de bio-feedback o retroalimentación.

Mi intención es la de estudiar e iluminar un poco esos desarrollos en la oscuridad, que subsumidos bajo el peso del culto mayoritario de la Santería o Regla de Ocha, a la vez que presentaban una opacidad de índole defensiva propia, apenas han tenido estudio científico. Estos son el Palo Monte, las prácticas de la sociedad secreta Abakúa o Ñañiguismo, las reglas Arará e Iyesá, el Vudú haitiano en Cuba y el Espiritismo, que sin tener un origen africano, sino europeo, a la vez que impregna, absorbe y asume en su seno a todos los cultos africanos.

Con este fin intentaré en este artículo realizar en primer lugar una breve introducción histórica que nos acerque a la actualidad religiosa de Cuba, para posteriormente centrarme en una de esas realidades mal percibidas como es el Palo Monte (2).

Las religiones cubanas de origen africano; la Regla de Ocha o Santería, el Palo Monte, el Ñañiguismo, las Reglas Arará e Iyesá y el Vudú haitiano de Cuba. Lejos de ser una débil manifestación de religiosidad primitiva, están altamente elaboradas y perfectamente diferenciadas asemejándose por ello en muchos aspectos a los grandes cultos monoteístas como el judaísmo, el cristianismo y el islam, con los que especialmente la Regla de Ocha o Santería mantiene similitudes de índole estructural. Incluyen toda una mitología, liturgia, rituales de iniciación, una jerarquía sacerdotal, un calendario de festividades y un sistema de adivinación propio.

En el Nuevo Mundo, los esclavos traídos por la fuerza de África, aparentaron aceptar la nueva religión católica que se les imponía, protegiendo al mismo tiempo sus vidas y sus creencias oriundas. Así, la mayor parte de las religiones originarias de África fueron revestidas y ocultadas tras una fachada de catolicismo, a través de la cual los dioses o fuerzas naturales fueron representados por varios santos católicos. A la par que enmascaraban sus deidades y creencias, consolidaron redes de familias religiosas o casas-templos. Estas familias sagradas, establecieron jerarquías religiosas donde lo que hacían era reinterpretar los antiguos linajes interrumpidos por la esclavitud, según datos aportados por Claudia Mola (Inédito), directora de la Casa de África en La Habana, quien ha estudiado en profundidad el tema.

Esta ocultación de sus verdaderos credos es lo que erróneamente conocemos como sincretismo, aunque este en realidad no llegó a darse en ese momento inicial. El sincretismo será un fenómeno histórico a posteriori que padecerán algunos de estos cultos y en ocasiones tan sólo algunos de sus elementos. De hecho han pervivido hasta la actualidad realidades como el Palo Mayombe o las reglas Arará e Iyesá de una similitud extraordinaria con los cultos originarios.

Durante la época colonial el catolicismo con su máximo órgano inquisitorial como religión oficial, persiguió afanosamente estos cultos, que debieron pasar por enormes dificultades para sobrevivir. A finales del s.XIX, tal como señala Alain Basail Rodríguez la Iglesia y el Estado comenzaron a distanciarse, cuando este último asumió actividades exclusivas del ministerio de lo sagrado, como el registro civil, y se obtuvo una cierta tolerancia religiosa conseguida a instancias de la Corona española al pedir reiteradamente la aplicación en la isla de la Constitución de la metrópoli (Basail 1999:174)

Este período se alargará hasta que a comienzos de siglo la substitución del dominio colonial de España por Estados Unidos provoque una oleada evangelizadora protestante, a la vez que permita la aparición en la isla por primera vez del judaísmo, creencias de procedencia chinas y las últimas novedades llegadas de Europa como la teosofía y el espiritismo (Basail 1999:175). Posteriormente, a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX, llegan a la zona oriental de la isla, en calidad de braceros o mano de obra barata para las plantaciones de café y azúcar, trabajadores provenientes de Haití. Estos portan consigo, además del idioma creole, la religión vudú.

Con semejante magma religioso llegamos a los años 50, que terminaron con el triunfo de la Revolución Comunista y la instauración de un nuevo orden que subvierte todas las relaciones sociales. Así a finales de 1959, la política religiosa del gobierno comenzará a expresar la radicalidad de sus nuevas determinaciones ideológicas. El gobierno revolucionario criticará la jerarquía eclesiástica descalificándola y castigándola con la nueva ley, al interpretar toda forma de religiosidad como un peligro para la revolución. Tal como afirma Izaskun Álvarez Cuartero, las presiones del gobierno no sólo se concentraron sobre el catolicismo, sino también sobre el judaísmo, protestantismo y sectas como los Testigos de Jehová, el Bando evangélico de Gedeón o la Iglesia Pentecostal (Álvarez, 1998:89).

Para Alain Basail: "La teoría marxista leninista, ancló su praxis en un materialismo y una ética revolucionaria intolerante con la Iglesia Católica y otras confesiones, desplazando la experiencia religiosa a espacios privados. La ruptura fue violenta y se inició un proceso de privatización de la religión." (Basail, 1999:177).

Así los cultos africanos volvían a las catacumbas de las que no habían acabado de salir. Y la Iglesia Católica asumió un prolongado periodo de silencio. Las tornas cambiarían con la caída de la antigua URSS y la llegada del bloqueo económico a la isla con la subsiguiente crisis actual. La crisis, tal como afirma Basail, provocó explosiones de identidad individual y social en un proceso de apertura en el que los símbolos fueron saliendo a la superficie, exponiéndose públicamente lo religioso.

A nivel institucional, mientras la Iglesia Católica se retraía, crecieron en importancia las Iglesias Protestantes y las prácticas de origen africano, al gozar de benevolencia estatal, debido al enfrentamiento entre el Estado y la Iglesia Católica.

Durante la década de los 90, la tenue reforma constitucional de 1991 que transformó al Estado cubano de ateo a laico, daría paso a un acercamiento de éste con el Vaticano que responde a la necesidad de encontrar apoyos a favor del levantamiento del bloqueo económico de Estados Unidos. En este acercamiento interesado por ambas partes, el Vaticano ha intentado sonsacar desde pequeños logros como la reinstauración de la festividad del 25 de diciembre al máximo de beneficios y poderes perdidos. El paulatino acercamiento culmina con la visita de Juan Pablo II a la isla en enero de 1998, y una declaración de la Iglesia que no puede ni aprobar ni reprobar el sistema socialista en Cuba.

Actualmente las religiones cubanas de raíz africana reciben un reconocimiento político y social enorme, valorizadas como la esencia de lo popular o auténticamente cubano. Con ello se ha establecido la tópica asociación entre lo cubano y lo afrocubano. Este nuevo proceso en connivencia estatal, en mi opinión es fruto de dos factores motivados por la crisis económica que atraviesa el país:

El primero, la necesidad de quien padece la crisis de fortalecer redes sociales y el desarrollo de una importante vida comunitaria, en el más amplio término de la communitas de Turner (1988:113), así como la búsqueda de sentido, cohesión y solidaridad ante una situación social tristemente dura e indigna.

El segundo se refiere a la folclorización mercantilista y a la comercialización de cara a los turistas, primera y casi única industria nacional, me atrevería a decir, de todo aquello que huela mínimamente a religión. Así se ha transformado cualquier espectáculo callejero de malabares con machetes o de faquirismo ígneo en supuestas ceremonias rituales africanas, dignas de figurar en las mejores performances de las ferias internacionales de teatro. El museo estatal dedicado a la brujería en Guanabacoa es un amplio y mayestático exponente de mis palabras.

EL PALO MONTE

Tras esta introducción histórica a la trama de complejas interactuaciones religiosas que se dan en Cuba, intentaré explicar los principales rasgos de uno de los cultos más desconocidos por las ciencias sociales: El Palo Monte.

También denominado Regla Conga o Bruja, el primer nombre alude a sus orígenes remontándose, a las prácticas de los esclavos de la etnia bantú Congo, quienes dominaron al resto de los grupos étnicos de cultura bantú trasladados a Cuba desde el África Central y Oriental, Mondongos, Bisongo, Timbiseros y Mandingas provenientes de los actuales estados de Zaire, Congo, Angola y Mozambique. Estos acabaron configurando el segundo culto en importancia de origen africano en Cuba tras la regla de Ocha o Santería de la etnia Yoruba conocida popularmente como Lucumí.

Su nombre popular de Regla Bruja obedece a los tonos peyorativos y de temor que sus prácticas religiosas infunden. Su alto componente mágico le ha otorgado este calificativo popular de brujería. Así, cuando en Cuba te hablan de brujos, básicamente se está hablando de paleros.

El Palo Monte actualmente se encuentra dividido en tres reglas o tradiciones: el llamado Palo Mayombe (el menos sincretizado), si nos atenemos a hablar de sincretismo como lo hacía Van der Leew (1955:589 en Lupo, 1996:12) quien hacía suya la afirmación de Joachim Wach, según el cual 'cada religión es un 'sincretismo'. Quien diría que todas las religiones incluso las culturas son 'sincréticas', es decir, que derivan de la síntesis y remodelación de rasgos que en su origen pertenecían a tradiciones diferentes (Lupo 1996:12). En esa misma línea para Filoramo (1993:703 en Lupo, 1996:14) el sincretismo es 'un encuentro de elementos religiosos vitales dotados de una historia propia, que tras ese encuentro se delimitan recíprocamente en función de un principio guía, dando lugar a una nueva formación religiosa [...] vital que, para quien la sigue, se presenta desde dentro unitaria y dinámica'.

La segunda regla del Palo Monte es La Briyumba (que se corresponde con una mezcla de la tradición Conga con la Yoruba de la Regla de Ocha) y la Quimbisa, esta última creada por un personaje llamado Andrés Facundo de los Dolores Petit, quien pretendía explícitamente unificar la Santería o Regla de Ocha y el Catolicismo con el culto Congo propiamente dicho, dando lugar a la Quimbisa, también conocida como Santo Cruzado o Palo Cruzado.

La etnóloga cubana Lydia Cabrera (1986:198) nos relata en su libro titulado 'La regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje', cómo Andrés Petit amalgama los tres cultos en uno con la expresa intencionalidad de obtener poderes y beneficios terrenales. Según palabras del propio Petit "para proteger y defender de venganzas y maleficios a sus partidarios (de la secta abakuá principalmente)". Con ello define a la Quimbisa como lo que Lydia Cabrera define "el modelo más acabado de sincretismo religioso que se produce en Cuba." (1986:19)

Así elementos congos como la nganga o prenda, el animismo de plantas, agua y tierra, se mezcla con elementos yorubas como el coco, usado en adivinación o todo el panteón de orishas yorubas asimilados a cada una de las fuerzas congas. Del espiritismo kardecista amplia la posibilidad de la comunicación directa con los espíritus, viéndose respaldada su comunicación directa con los fallecidos. La influencia del catolicismo se manifiesta en el uso de crucifijos y a través de oraciones católicas o inspiradas en él, junto con la especial adoración del Espíritu Santo. El guía principal de los quimbiseros es San Luis Beltrán.

Lo que podríamos denominar como sacerdotes del Palo Monte, especialmente el Mayombe, son escasos a la vez que temidos, infunden en buena parte de la población un respeto superior al que producen los sacerdotes de la Regla de Ocha, los babalawos o santeros. Estos jerarcas paleros son los llamados Tata Enkise o Padre Nganga, el padrino que controla la llamada prenda o Nganga-Nkiso, el elemento fundamental de esta religión. Se trata de un caldero o cazuela de diferentes dimensiones atendiendo al número de habitantes que en él residen, pues lo ocupan diferentes espíritus de personas fallecidas.

La Nganga, prenda o caldero de poder está compuesta de los más variados elementos. El primer paso para confeccionar una nganga consiste en conseguir el mayor número posible de huesos de un muerto; popularmente se afirma que se buscan de gente que en vida hubiese tenido un carácter fuerte y cuanto más violento mejor. Con los huesos se prepara el llamado 'polvo de muerto', que se introduce en la nganga junto a otros elementos que varían, dándose un abanico de posibilidades inimaginable atendiendo a la particularidad de cada nganga. Algunos elementos que se repiten en la literatura específica sobre el tema y que he podido observar personalmente son: la tierra obtenida en un cementerio, piedras de diferentes tamaños, todo tipo de restos de esqueletos y mutilaciones animales en un amplio abanico que abarca desde las vértebras de una rata a las de una serpiente; caparazones de tortugas, caracolas y conchas marinas como los cauris, espolones de gallo, decenas de plumas de los mismos y el significativo omnipresente elemento de la cabeza de un perro macho de color negro. Todo esto aderezado con todo tipo de hierbas y semillas variadas que se mezcla con las ofrendas a la prenda o nganga, más el tabaco, el alcohol, los alimentos, las velas y hasta dinero. Se añaden exvotos litúrgicos que representan deidades, y los más variados elementos metálicos de la vida campesina como son azadas, arados, pesadas cadenas, cuchillos y machetes a cual más oxidado y viejo que el anterior, dispuestos de forma que circundan la prenda. Y sobre todo y por encima de todo, regando y manchando absolutamente todo, litros de sangre cuajada.

En efecto toda prenda debe de ser convenientemente alimentada y fortalecida mediante sacrificios con efusión de sangre. Mediante el asperjamiento de sangre se vitaliza la nganga y por ende sus inquilinos. Como refería mi nunca suficientemente apreciado amigo e informante Carlos, (palero y heredero de una de las ngangas más grandes que he podido observar), "un buen montón de mierda", del cual empero cuida como si le fuese la vida en ello.

Tan variopinto altar religioso es la casa del muerto o muertos. Establecida a modo de cazuelas pequeñas contenidas en otras mayores, a modo de capas, en el corazón de la prenda reside lo que llaman el fundamento de la misma. En una de las prendas que he podido analizar, encontré una pequeña lápida de cementerio, hecha de teja y cincelada en latín con el nombre completo de la persona fallecida. Y en la cazuela del fundamento de la misma prenda, una serie de huesos envueltos en ropa que incluían el cráneo del abuelo del actual poseedor de esta nganga, quien orgulloso afirma que a su muerte él mismo pasará a formar parte de este curioso ataúd.

Este aparente culto a los antepasados no es tal, pues en dicha prenda no se venera a aquel abuelo -quien también se encargó de proteger la nganga o prenda-, sino que el espíritu jefe o director -cuya fuerza es infinitamente superior a los demás- es otro, representado en la prenda por una muñeca pintada de color negro y ataviada de bracero, que se manifiesta en las posesiones. Estos difuntos no residen en estas cazuelas o calderos por voluntad propia, sino que han sido esclavizados en el momento en que se los ha ido a recoger directamente al cementerio. El alma del muerto es sometida a la voluntad del iniciado a través de un pacto que los alimenta a ambos. Toda prenda, en su confección, permanece reposando en un cementerio por espacio de tres semanas; posteriormente será trasladada a un monte donde se ubicará de nuevo otras tres semanas, para acabar siendo recogida sin que el principiante le dé nunca la espalda porque -tal como refieren los paleros-: "los muertos son muy traidores".

Una vez en casa del palero la nganga deberá ser alimentada con sangre de gallo y de otros animales, en ofrenda a los muertos que habitan en ella, en su inicio por lo menos dos veces al mes. Posteriormente, atendiendo a cada nganga o palero a su cargo, estos rituales de sangre pueden diferirse en el tiempo.

Tata nganga, también llamado padre nganga, es el dueño de la nganga madre de la que se han derivado otras. Y es quien tiene el prestigio reconocido para iniciar neófitos en la práctica de esta religión, así como construir otras ngangas. Así mismo posee la facultad de la adivinación, gracias al pacto mediante actos rituales que establece con los nuevos habitantes del caldero, a quienes atenderá a cambio de que el muerto lo obedezca y proteja.

También nos encontramos con Madres nganga, mujeres poseedoras de una nganga madre, que colaboran en las liturgias de iniciación con el Tata nganga. En estas liturgias aparecen también figuras como las madrinas y padrinos que colaboran en la 'rayadura' o iniciación, una suerte de bautismo del nuevo palero, al que le habilitan o consagran una nueva nganga.

La posesión de la Nganga o prenda posibilita el empleo de ésta sin limitaciones, generando alrededor del Tata Nganga o Tata Nkisi todo un grupo de acólitos religiosos, totalmente jerarquizados; los bakonfula, ayonfombe y Ngueyo junto con el resto de ahijados, forman la Casa, que realiza ritos y ceremonias. Las ngangas o prendas, pequeños o enormes calderos, centro del ritual del Palo Monte o Palo Mayombe, poseen una carga especial de energía espiritual, que concede gracias o castiga, atendiendo a la manipulación y propiedades de esta que hacen sus dueños.

Los paleros afirman que el Palo Mayombe emplea dos ngangas, una para el bien y otra para hacer daño. Sin embargo mi experiencia en el campo me demuestra que una misma nganga sirve para los dos fines. O que la interpretación de bien y mal es relativa, o en todo caso ambivalente. Se refiere el término Palo Ndoke, cuando el uso de la nganga es exclusivo para el mal. Por el contrario la Quimbisa, en oposición a las anteriores, -recordemos que es la sincretización con el catolicismo y la Regla de Ocha-, únicamente emplea ngangas para el bien.

A este respecto cabe decir que algunos sacerdotes paleros de la Regla Mayombe incorporan en sus invocaciones espirituales toda una serie de retahílas de insultos, todo ello en el vocabulario congo que pervive, contra la figura de Jesucristo, acompañadas de la acción de escupirle a un crucifijo. Este símbolo encarna la imposición religiosa foránea del hombre blanco que ha perseguido y mermado su tradición.

Para los paleros existe un Dios supremo, expresión de una fuerza máxima creadora del universo, a la que llaman Zambi, Nzambia, o Mayimbe, del cual emana la fuerza de los mpungos o fuerzas mágicas. Estos mpungos son sólo fuerzas, seres incorpóreos que nunca devienen en antropomórficos como los orishas, foldunes, santos o vodues, aunque en el Occidente de Cuba por la influencia de la Santería, se les sincretiza con los orishas y los santos católicos. Los principales mpungos son:

Remolino Cuatro vientos, el Niño de Atocha santero. Se trata de la fuerza benéfica del viento.
El Viento Malo, que es el Ánima Sola santera. La fuerza maléfica del viento.
Lucero Mundo, el niño Jesús. Fuerza benéfica del viento que recorre los caminos.
Sarabanda, San Juan Bautista. Fuerza del fuego y de los metales.
Sebangandó, San Norberto. Fuerza de los animales y el orden.
Sobayende u Obayende, San Lázaro. Fuerza de las enfermedades.
Kenké, San Silvestre. Fuerza de la vegetación.
Tiembla Tierra, la Virgen de las Mercedes. Fuerza de la paz y la concordia.
Ntala-Nsamba, San Cosme y San Damian. Fuerza de los gemelos.
Siete Rayos Punto Firme, Santa Bárbara. La fuerza del Rayo.
Madre Agua, Virgen de Regla. Fuerza del agua y de la maternidad.
Chola Unwemwe, Virgen de la Caridad. Fuerza de las riquezas y del amor carnal.
Centella Ndoke, Santa Teresa de Jesús. Fuerza de la muerte

Paralelo a los mpungos, otro elemento destacado en el Palo Monte, lo ocupan las firmas (una serie de símbolos gráficos, totalmente sagrados), que identifican a cada mpungo o fuerza y así mismo a cada difunto que es requerido en las ceremonias. Existe toda una compleja trama de firmas que son trazadas con cascarilla (un polvo parecido al talco o yeso) atendiendo a la explícita intencionalidad ceremonial y que al fin de la misma se borrarán, evitándose siempre en el desarrollo de la ceremonia que estas queden visibles ante la mirada de otros paleros o iniciados, que podrían invocar con ellas los espíritus personales propios. Otras firmas están trazadas de forma permanente en la prenda o en jícaras, una serie de piedras pintadas con los motivos mágicos.

Los espíritus representados por sus firmas acudirán en auxilio de aquello que pida el palero, este siempre protegido por su espíritu o espíritus principales de la Nganga con quienes tiene ya unos pactos establecidos.

Se trata de un proceso idéntico al establecido en la magia cabalística medieval, cuyos grimorios de invocación estaban plagados de este elemento vehiculador, el sello o firma mágica que comunica al invocante con la fuerza sobrenatural.

Pero a diferencia de alquimistas y brujos medievales, algunos paleros o asistentes a la ceremonia ritual son poseídos por alguno de los espíritus difuntos invocados, lo que popularmente se conoce en Cuba como el caballo brujo. El espíritu cabalga un cuerpo que ha sido abandonado a tal efecto.

Mientras que en el acto de posesión en la Regla de Ocha el orisha toma el control de todo el cuerpo del creyente, el mpungo o fuerza conga solo lo hace de la nuca y cabeza de su devoto.
El elemento del trance y la posesión, es común y se encuentra en todos los cultos afrocubanos. Las ideas de Allan Kardec encontraron terreno abonado en Cuba, siendo el espiritismo una de las expresiones religiosas de mayor acogida entre todos los sectores poblacionales, con una vivacidad y actualidad sorprendentes. Su éxito estriba en que dichos espíritus o muertos transmiten por medio de su intermediario opiniones consideradas veraces por el individuo que consulta al poseído.

Parafraseando a Ileana Hodge y Yalexy Castañeda el espiritismo en Cuba es utilizado por un amplio espectro religioso, con la función de ser utilizado por los creyentes en base a resolver problemas de diferente índole. Así alcanzó difusión y arraigo entre los sectores más pobres y desposeídos, convirtiéndose en un medio asequible y poco complicado para canalizar y tratar de dar solución a diversos tipos de situaciones (Hodge - Castañeda, 1998:4). Función que realiza también en el Palo Monte todo ritual efectuado con la intención de provocar un acontecimiento o cambio en la vida del individuo, como puede ser la consecución de un trabajo, dinero, curación de una dolencia o mal, etc...

Ninian Smart asegura que la mayoría de prácticas religiosas indígenas africanas coinciden en la existencia de una deidad creadora, con la que los individuos apenas tienen una relación ritual directa con él. Y que la mayor parte de la actividad religiosa se dirige a otras categorías de entidades espirituales que afectan directamente a la vida de las personas y las comunidades. Diferentes entidades espirituales interactúan con los distintos grupos de la comunidad. Así los antepasados suelen ocuparse del bienestar de sus propios descendientes, quienes, a su vez, deben mantener con aquellos relaciones rituales adecuadas. Las deidades y otros espíritus se ocupan de la productividad de la tierra o del bienestar de comunidades sociales más amplias, como los poblados o las tribus (Smart 2000:196).

La religión africana no se preocupa por conseguir la salvación eterna en una vida después de la muerte, sino por mantener el bienestar de la comunidad en la vida presente. Teniendo en cuenta este objetivo principal, buena parte de las prácticas religiosas están destinadas a asegurar la buena fortuna y a alejar las desgracias. Las desgracias se achacan a la incapacidad de los hombres para mantener las relaciones religiosas apropiadas con las entidades espirituales (Smart 2000:196-197).

Como podemos ver la magia es el medio por el cual se intenta equilibrar todo lo clasificado como bueno o malo y que puede incidir en el desarrollo de la vida diaria.

La crítica situación económica cubana junto con la nueva etapa de globalización y de constantes flujos inmigratorios, han logrado establecer este tipo de cultos allá donde históricamente jamás han tenido presencia, apareciendo especial y significativamente en dos países como son Estados Unidos y España.

Emergiendo a menudo bajo el paraguas de la moda que es la New Age, donde tienen cabida todo tipo de manifestaciones, desde el chamanismo a la santería. Estas nuevas formas de afrontar lo divino, parece que están viviendo una rápida expansión a lo largo y ancho de no solo la piel de toro, sino todo occidente, puesto que ofrecen no solo un culto religioso equivalente a los oficializados, sino que además conllevan la novedad de ofrecer soluciones prácticas a todo tipo de males que aquejan a los humanos, desde la salud a los problemas materiales, como pueden ser la falta de amor o la de dinero.

Tal como afirman Stark y Bainbridge (1985:14), los bienes religiosos consisten principalmente en compensadores ofrecidos como promesas de bienes (rewards) que son escasos o no pueden ser conseguidos por medios naturales. Estos compensadores religiosos se basan en la existencia de poderes sobrenaturales y que por ello no son susceptibles de ser evaluados fehacientemente. En el caso de la religión cristiana se nos ofrece la salvación eterna, pero cultos como el Palo Monte, lo que nos ofrecen en definitiva es una vida feliz.

Quizá por ello en Brasil se detecta el ejemplo más claro, que está en la incapacidad de las Iglesias institucionalizadas por detener en el avance imparable del Candomblé y la Umbanda, los equivalentes a la Regla de Ocha o Santería y el Palo Monte en el país carioca. Hay distintos cálculos sobre la magnitud del fenómeno umbandista que llegan a atribuirle 30 millones de fieles (sobre una población total de 130 millones); datos como éste sólo son especulaciones poco confiables, pero sirven para dar una idea de las dimensiones del culto (Giobellina, 2000:15).

 

 
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