| “La
razón es porque, como dizen los philósophos, la conservación
de una cossa es su continua producción, y se reputa el conservar
por lo mismo que producir, y lo mismo es estar conservando una cossa
que estarla siempre produciendo”
(Fray Toribio de Pumarada, Arte General de Grangerías,
1711).
El Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón, se fundó
en 1968, pero de aquellos años queda muy poco. En los últimos
doce años el museo ha renovado totalmente sus instalaciones
y exposiciones, ha incrementado considerablemente sus colecciones
y ha pasado de no contar casi con personal a tener un equipo de
técnicos pequeño pero muy activo. Asimismo, el museo
se ha convertido en un referente para muchas personas interesadas
por el patrimonio cultural de Asturias, y esto se ha logrado gracias
a esa renovación, a las exposiciones y a una intensa labor
de investigación y publicación.
Sin embargo, antes de hablar de la museografía voy a referirme
al concepto de museo que nosotros defendemos desde que empezamos
a trabajar en este museo en 1992. Creo que esto es muy importante,
porque la museografía es en definitiva el resultado de una
determinada museología y de otros factores que veremos a
continuación.
El fin del Museo del Pueblo de Asturias es conservar y dar a conocer
la memoria del pueblo asturiano. Para ello conservamos, estudiamos,
exponemos y difundimos testimonios muy variados del patrimonio cultural
de Asturias. Partimos de la definición antropológica
de cultura, es decir, de un concepto muy amplio que abarca todos
los ámbitos de la vida humana, pero también de los
conocimientos que nos aporta la historia, la geografía y
la biología. En consecuencia, el museo recopila testimonios
muy variados: herramientas, útiles y objetos de toda clase;
instrumentos musicales y grabaciones; fotografías, dibujos
y materiales de artes gráficas; documentación escrita
de nobles, burgueses, obreros, campesinos o emigrantes; documentos
cotidianos muy diversos; testimonios orales, etc.
En definitiva, el Museo del Pueblo de Asturias es un museo con
colecciones muy diversas, pues lo que trata de mostrar es la diversidad
de un pueblo. Un pueblo integrado por diferentes grupos y clases
sociales, que viven en pueblos, villas y ciudades, o fuera de la
región, en América, Asia o Madrid. Un pueblo de campesinos,
de señores, de burgueses, de obreros, de emigrantes, de artesanos,
etc. Un pueblo que, como todos, no cesa de cambiar y transformarse.
Uno de los límites de nuestros intereses y colecciones lo
establecen otros museos etnográficos e históricos
que existen en Asturias. En la misma ciudad de Gijón está
el Museo del Ferrocarril y en el resto de la región hay en
la actualidad un museo de la minería, un museo de la sidra,
un museo marítimo, un museo etnográfico de Grandas
de Salime (con colecciones del occidente de Asturias) y un museo
etnográfico del oriente de Asturias (con colecciones de esta
zona de la región), etc. No sería lógico competir
con ellos.
Además, para poner orden en los numerosos museos etnográficos
locales y temáticos que se han fundado en Asturias en las
últimas décadas, la Consejería de Cultura del
gobierno regional promovió la creación en 2001 de
una Red de Museos Etnográficos de Asturias, que está
integrada por catorce museos y que encabeza o coordina el Museo
del Pueblo de Asturias. Los museos de la Red son muy variados y
a través de ellos se puede conocer bien una parte importante
de nuestro patrimonio cultural. Uno de los principios de funcionamiento
de la Red es que las colecciones de los museos funcionen como una
sola colección para evitar repeticiones excesivas e innecesarias
de materiales. Asimismo, la Red promueve una imagen y una difusión
común para sus miembros, la realización de exposiciones
temporales y jornadas de formación, etc.
Dentro de la Red nuestro museo tiene encomendadas, entre otras,
las funciones de un centro de documentación e investigación
de etnografía y antropología asturiana. Ésta
es una tarea importante debido a la inexistencia de un departamento
de la Universidad de Oviedo en el que se impartan y promuevan investigaciones
en estas materias, lo cual es uno de los grandes problemas con que
nos encontramos en Asturias para desarrollar nuestro trabajo, y
que estamos intentando solventar desde la Red de Museos Etnográficos
encargando trabajos de investigación y realizando desde 2000
convenios de colaboración con el departamento de antropología
de la Universidad Complutense de Madrid.
Por otra parte, el Museo del Pueblo de Asturias también
pertenece a la Red de Archivos e Investigadores de la Escritura
Popular, que coordina la Universidad de Alcalá de Henares.
Esta red nos permite intercambiar experiencias con instituciones
que poseen también fondos relacionados con la escritura popular
y estar informados de las investigaciones en esta materia.
Lo que puede verse hoy en nuestro museo es el resultado en gran
medida de un Plan Museológico redactado en 1998 por un equipo
de personas muy amplio y de ámbitos muy diferentes, coordinado
por el diseñador catalán Enric Franch, y entre los
que figuraban el antropólogo Marc Augé, la museóloga
Dolors Llopart, etc.
El Museo del Pueblo de Asturias ocupa un recinto de casi 35.000
m2 ordenado de la siguiente manera: un espacio expositivo, un espacio
de ocio y entretenimiento (bolera, prado, anfiteatro, restaurante
y máquinas de bebidas), y una charca y un bosquete de árboles
autóctonos.
En el espacio expositivo del recinto hay varios edificios cuya
arquitectura es muy dispar y en los que se muestran exposiciones
con formas de presentación diferentes:
- Pabellón de la Expo92. Este edificio fue el pabellón
de Asturias en la Exposición Universal de Sevilla de 1992.
Fue trasladado al museo en 1994 y en él se encuentran la
recepción, las salas de exposiciones, una sala de actos y
proyecciones audiovisuales.

- Casa de los González de la Vega. Es un edificio construido
en 1757 que fue trasladado al museo en 1972. En el se encuentra
el Museo de la Gaita, que es una exposición permanente de
instrumentos musicales y de gaitas del mundo, la biblioteca y el
centro de documentación, y los espacios de trabajo del Archivo
de la Tradición Oral y del Archivo de la Música Tradicional
de Asturias.

- Casa de los Valdés. Es una construcción del siglo
XVII que se trasladó al museo en 1969. En ella se ubica la
Fototeca de Asturias, y cuenta con una sala de exposiciones, espacios
de trabajo y consulta para la fototeca, y un almacén del
museo.

- Tres pabellones de aperos agrícolas y medios de transporte.
Un pabellón dedicado a los aperos y medios de transporte
preindustriales (arados, sechorios, cambiellas, mesories
para recolectar la escanda, hoces, manales, carros del país
y narrias, medidas antiguas); otro dedicado a los aperos y carros
que llegan con la industrialización, en el que se pueden
apreciar el cambio y los materiales y formas nuevas que llegan al
campo asturiano (sembradoras, arados de vertedera, máquinas
de mayar de motor, carros de ruedas de rayos, medidas del sistema
métrico decimal, etc.), y otro pabellón destinado
a los utensilios que utiliza el hombre para transportar materiales
(cestas, carretillas, angarillas, ferradas, cantaras, etc.) y a
los aparejos de las caballerías.

- Conjunto de construcciones rurales (casa campesina, lagar, molino
de mano de descascarillar escanda, un hórreo y dos paneras).
No actuamos libremente en la decisión de hacer este conjunto
de construcciones, porque ya existían algunas de la primera
época del museo, pero mal construidas y en un estado de conservación
ruinoso, y había que hacer algo similar. Recordemos que el
museo se funda en 1968 con la idea de recrear un “pueblo de
Asturias con todos sus elementos”. Para la realización
de este conjunto de edificaciones lo primero que hicimos fue poner
en marcha varios trabajos de investigación (un trabajo de
campo sobre este tipo de construcciones, especialmente sobre la
casa y los modelos de cocinas, y un trabajo de archivo para conocer
el numero y los muebles que había en una casa de campesinos
en los años ochenta del siglo XIX, que es la época
a la que responde el mobiliario que expusimos en la casa). En el
proyecto trabajamos un equipo integrado por etnógrafos, historiadores,
arquitectos y museólogos, en el que siempre hubo mucha compenetración,
un fructífero intercambio de ideas y un gran respeto por
las opiniones de todos. Por ejemplo, en la casa se tomó la
decisión de no colocar luz eléctrica, y solo mostrar
la recreación que hicimos con la luz de velas y candiles
de aceite, o del llar encendido, que además aporta el humo
imprescindible para conocer lo mejor posible como eran las condiciones
de vida hacia 1880 en una casa que carecía de chimenea.



Las exposiciones
En los últimos años se han realizado una treintena
de exposiciones, todas producidas por el propio museo y con sus
fondos. Con estas exposiciones se han iniciado colecciones, se han
completado otras y, sobre todo, se ha difundido la labor del museo
en la tarea de recuperación del patrimonio y lo que es más
importante se ha creado patrimonio, aportando a muchos objetos y
documentos un valor que la mayoría de la población
no le concede. Para todos los que estamos aquí estos objetos,
estas fotografías, estos escritos tienen un valor y una consideración
como patrimonio, sin embargo, el mismo objeto, la misma fotografía
y el mismo escrito para la mayor parte de la población, incluido
personas con un nivel de estudios superior, todo esto no tiene ningún
valor, y hay que explicárselo o hacérselo ver. En
este aspecto es donde nuestras exposiciones han logrado en cierta
medida un éxito social, o han tenido una repercusión,
que se ha visto recompensada con las donaciones o los depósitos
de archivos fotográficos, archivos documentales o casas enteras
deshabitadas que se ponen a nuestra disposición para que
llevemos lo que consideramos de interés.
Las exposiciones del museo se han dedicado principalmente a la
fotografía, la etnografía y los instrumentos musicales.
Entre las primeras, están las exposiciones dedicadas a un
fotógrafo y su obra:
Modesto Montoto. Una visión fotográfica de Asturias,
1900-1925.
Modesto Montoto. Villas y espacio rural en Asturias, 1900-1925.
Baltasar Cue Fernández. Tipos populares de Llanes, 1885-1900.
Fritz Krüger. Fotografías de un trabajo de campo en
Asturias, 1927.
Valentín Vega, fotógrafo de calle (1941-1951).
Constantino Suárez, fotógrafo, 1920-1937
Juan E. Canellada Prida. Retratos de Cabranes, 1895-1920.
Eladio Begega García. Mis vecinos de El Condao, 1962-1985.
José Ramón Lueje. La montaña fotografiada,
1936-1975.
Mark Ostrowski. Tratantes: Una especie en extinción
De esta lista de fotógrafos solamente dos archivos no pertenecen
al museo, el de Baltasar Cue Fernández y el de Juan E. Canellada
Prida, aunque de este último los positivos fotográficos,
realizados a partir de los negativos originales para la exposición,
han quedado en poder del museo.
Otras exposiciones de fotografías antiguas, son las que
muestran la relación de la fotografía con un asunto
determinado:
Asturianos en América, 1840-1940. Fotografía y emigración
(serie de cinco exposiciones).
Infancia y fotografía en Asturias, 1858-1936.
Gijón, 1856-1936. Ciudad, industria y ocio.
Automóvil y fotografía en Asturias, 1890-1936.
Músicos populares en la colección de fotografías
del Museo del Pueblo de Asturias, 1899-1960.
Fútbol y fotografía en Asturias, 1903-1978.
La Fábrica de Tabacos de Gijón, 1903.
Las exposiciones de etnografía
Aparte de las exposiciones permanentes mencionadas, el museo ha
renunciado a tener una exposición permanente y general de
etnografía asturiana, y ha optado por hacer exposiciones
temporales de larga duración en las salas de exposiciones
del Pabellón de la Expo92. Esta decisión creo que
es buena para cualquier museo por varios motivos: la exposición
no envejece, el museo tiene que estar pensando en la siguiente exposición,
evita que se apague el interés y la ilusión, promueve
la búsqueda de materiales, etc.
Algunas de las exposiciones temporales realizadas en estos últimos
años se llevaron a cabo con el objetivo ya mencionado de
formar y completar las colecciones del museo. Asimismo, algunas
de ellas fueron preparatorias de la exposición “Los
asturianos en la cocina. La vida doméstica en Asturias, 1800-1965”,
que se inauguró en 2003 y que estará abierta unos
cinco años. Esas exposiciones fueron las siguientes:
El lino y la lana. La industria textil en la sociedad tradicional
asturiana.
La formación del Museo del Pueblo de Asturias. Últimas
adquisiciones.
Ferrerías, mazos y fraguas. El hierro en la vida tradicional.
Agua, sidra y vino. Cacíos para beber.
Molinos de mar.
El queso casín. Alimento y cultura en la montaña
asturiana.
La exposición “Los
asturianos en la cocina”
La cocina fue hasta hace muy poco tiempo el espacio
más relevante de la casa asturiana. Un espacio esencialmente
femenino, en el que transcurría gran parte de la vida doméstica
de la familia. En ella se preparaba la comida, se hacía la
matanza, se elaboraba el pan y la manteca, se conservaban los alimentos,
se comía y bebía, se confeccionaba la ropa, se hacía
la colada y se planchaba, se calentaba y aseaba la familia, se criaba
a los niños, se contaban cuentos e historias, se oía
la radio, se rezaba, se dormía y se moría.

La importancia de la cocina ya fue objeto de atención de
otros museos que prepararon exposiciones muy diferentes sobre los
utensilios relacionados con la alimentación, la cocina, la
mesa y la vida domestica. En nuestro entorno más próximo
cabe mencionar las exposiciones “¡A comer! Alimentación
y cultura”, realizada en el Museo Nacional de Antropología
(Madrid) en 1998, y “En torno a la mesa. Tres siglos de formas
y objetos en los Palacios y Monasterios Reales”, organizada
por Patrimonio Nacional y la Fundación “la Caixa”
en 2000. Y en el ámbito europeo, debemos citar las exposiciones
“Les Français et la table”, mostrada en el Museo
Nacional de Artes y Tradiciones Populares (París) en 1985
y 1986, y “Quand les Bretons passent à table: Manières
de boire et de manger en Bretagne, 19e-20e siècle”,
organizada por la Asociación Buhez y expuesta en varios museos
bretones entre 1994 y 1996. Asimismo, en el Alimentarium-Museo de
la Alimentación de Vevey (Suiza), además de la exposición
permanente donde se exhiben dos apartados dedicados a los útiles
de cocinar y de comer, se han realizado dos exposiciones temporales
especificas: “Histoires d’objets”, en 1995 y 1996,
con la que se pretendía mostrar al ser humano en su relación
con los objetos que tienen que ver con la alimentación, y
“L’Europe à table”, en 1997.
La idea de organizar una exposición sobre la vida doméstica
en Asturias, centrada sobre todo en la cocina y las actividades
que allí se realizaban, surge en 1996. Dos años después,
se expuso un guión provisional de esta exposición
al mencionado equipo redactor del Plan Museológico del Museo
del Pueblo de Asturias coordinado por Enric Franch, el cual desarrolló
y perfeccionó la idea inicial, dividiendo la exposición
en tres épocas y adaptándola a las salas del Pabellón
de la Expo92, que tiene tres plantas y en cada una de ellas un espacio
diáfano de 430 m2.
Nuestra exposición debía mostrar las características
de la sociedad asturiana entre 1800 y 1965 a partir de testimonios
materiales de la cocina. En consecuencia, debían quedar muy
visibles los cambios de esa sociedad, y por ese motivo se dividió
la exposición en tres periodos en los que pudiesen observarse
con un criterio simplificador las transformaciones económicas
y materiales, sociales e ideológicas de la sociedad asturiana
a lo largo de esa época, así como las permanencias.
Pero no sólo era imprescindible mostrar la evolución
en el tiempo, sino también la existencia de las diferentes
clases sociales que formaban dicha sociedad. Frente a la tendencia
generalizada en los museos etnográficos de exponer los objetos
como si no hubiese diferencias sociales en su uso, nuestra exposición
distingue en cada uno de esos tres periodos la existencia de dos
clases sociales que vivían en unas condiciones muy diferentes.
A este respecto, es importante resaltar dos aspectos de nuestra
muestra: uno, que los objetos son los elementos fundamentales de
la exposición, y dos, el criterio simplificador que ya hemos
mencionado y que es habitual en las exposiciones de estas características.
Por un lado, los objetos se muestran contextualizados gracias a
una colocación que sigue un orden muy estricto. Por otro
lado, la diversidad de la sociedad asturiana en estos dos últimos
siglos es tan grande que era imposible mostrar todas las realidades
que hay detrás de una cocina. Podríamos hablar de
la cocina campesina con todas sus variantes; de las cocinas que
había en las cabañas de pastores y vaqueros; de las
cocinas de cuarteles, colegios y hospitales; de la cocina en los
barcos de pescadores y en los transatlánticos que marchaban
cargados de emigrantes; de las cocinas de las casas burguesas; de
la cocina de ventas, tabernas y restaurantes, etc., pero hemos optado
por simplificar y esquematizar la realidad en beneficio de la claridad
y la síntesis.
Los tres periodos en los que se divide la exposición son
los siguientes:
El primer periodo abarca desde 1800 a 1860 y coincide con el final
del Antiguo Régimen. Se trata de una sociedad predominantemente
rural, en la que las industrias más importantes son las “rústicas”
y donde el hambre todavía esta muy presente. En este periodo
hay dos grupos sociales predominantes: los señores y los
campesinos. El hogar de la cocina es siempre de leña y de
fuego bajo. Los utensilios están fabricados en su mayor parte
por artesanos y los materiales más comunes son la madera,
la cerámica, el hierro forjado y el cobre.
El segundo periodo comprende desde 1880 a 1936 y corresponde a
una sociedad muy transformada con respecto a la anterior debido
a la industrialización y a la mejora de las vías de
comunicación. El ajuar domestico, del mismo modo que la sociedad,
se ha industrializado y ya son comunes los utensilios de loza, vidrio,
hierro fundido y esmaltado. El espacio de la cocina cambia considerablemente
con la introducción de cocinas de carbón o “de
Bilbao”. Los útiles se mecanizan y se generaliza el
empleo de molinillos, batidoras y pasapurés manuales. En
esta época las clases preponderantes son la burguesía
y los obreros.
El último periodo va desde 1950 a 1965. En lo político
coincide con el final de la autarquía impuesta por el régimen
de Franco al concluir la Guerra Civil, y en lo económico
con un desarrollo que supondrá el inicio del éxodo
rural a las ciudades. La sociedad se divide entre la clase media
y los “productores”. La electrificación del país
permite la generalización de los electrodomésticos
en las viviendas de la clase media, y aparecen la “turmix”
o batidora, la nevera, la lavadora y la plancha eléctrica.
Muchos utensilios son de plástico y se fabrican fuera de
Asturias.
En su conjunto, la exposición es un paseo por la vida cotidiana
de Asturias, partiendo de los utensilios del pasado, aveces muy
antiguo, hasta llegar a objetos muy familiares para la mayoría
de los visitantes, lo cual ayuda a visualizar y comprender la historia
de la región y, en consecuencia, su presente.
Los tres periodos se dividen en unos mismos apartados que se colocan
en cada planta del edificio del museo en el mismo lugar, con el
fin de facilitar la comparación de los periodos, resaltando
las semejanzas y las diferencias. En total, la exposición
ocupa una superficie de mil metros cuadrados. Los apartados son
los siguientes:
- Presentación de la sociedad de la época, las poblaciones
y las casas, con el fin de mostrar quienes son las personas, en
que lugares viven y como son sus casas.
- Religiosidad, creencias y noticias.
- La cocina. Utensilios para guardar alimentos y para cocinar.
- La mesa. Utensilios para comer y beber.
- Alimentos y bebidas.
- El chocolate y el café.
- La ropa. La confección, el lavado y el planchado.
- La higiene personal.
- La salud.
Para organizar esta exposición el museo ha tenido que buscar
y conseguir gran cantidad de materiales, con el fin de completar
los vacíos existentes en su colección. Para ello ha
contado con la colaboración de muchas personas. La exposición
es una buena muestra de la variedad de los fondos que conserva en
la actualidad el Museo del Pueblo de Asturias, los cuales, como
ya se dijo al comienzo de nuestra intervención, abarcan ámbitos
temporales y espaciales muy diferentes, y están formados
por materiales muy dispares: fotografías, objetos etnográficos
e históricos, libros, periódicos y revistas, artes
gráficas e impresos (carteles, etiquetas, envoltorios, pliegos
de cordel, calendarios, pasquines, etc.), grabaciones sonoras y
audiovisuales, etc. En definitiva, es la colección y la exposición
de un Museo que se interesa por todas las actividades humanas bajo
todas sus formas.
La experiencia de los dos años que lleva abierta al público
la exposición “Los asturianos en la cocina” nos
permite asegurar que esta muestra despierta el interés de
muchas personas, de clases sociales y ámbitos diferentes,
y que durante su visita recuerdan, aprenden y se emocionan con ella.
Últimas exposiciones
Dos de las últimas exposiciones realizadas en el museo tienen
como finalidad principal mostrar fondos documentales recuperados
por el museo en los últimos diez años y “hacer
patrimonio”.
La primera es “Títulos, diplomas y otros honores de
los siglos XVI al XX en la colección del Museo del Pueblo
de Asturias”, en la que se muestran sesenta documentos de
esta clase.
Los títulos y diplomas son documentos cotidianos que tienen
como función acreditar los estudios, los méritos,
el cargo o los privilegios de las personas para mostrarlos públicamente.
Detrás de ellos suele haber bastante vanidad. Para ensalzar
todas estas distinciones es frecuente que se adornen con orlas y
alegorías que les otorgan un alto valor artístico
y decorativo; sus diseños son, a menudo, obra de artistas
conocidos.
Estos documentos constituyen un testimonio social e histórico
muy relevante y abarcan casi todos los ámbitos de la vida
humana: la enseñanza, el trabajo, la política, la
religión, el arte, la guerra, la industria, etc. Todavía
hoy cumplen un importante papel en nuestra sociedad.
Se agrupan en los siguientes apartados:
- Títulos y diplomas académicos.
- Patentes y títulos de méritos y honores.
- Títulos y diplomas de las sociedades de emigrantes asturianos
en América.
- Diplomas de exposiciones, certámenes y concursos.
- Árboles genealógicos de casas nobles.
- Diplomas de la Guerra Civil, 1936-1939.
- Bendiciones apostólicas y títulos religiosos.
La segunda exposición es “Asturias en guerra. Documentos
de la Guerra Civil en los fondos del Museo del Pueblo de Asturias”.
No es una exposición de la historia de la Guerra Civil en
Asturias, sino una exposición sobre la guerra y sus horrores
a través de los documentos que hemos adquirido en estos últimos
años. La Guerra Civil de 1936 a 1939 fue, sin duda, uno de
los acontecimientos históricos más importantes de
la España contemporánea. Nada ha conformado de tal
manera la vida de los españoles del siglo XX, y todavía
está lejos el día en que podamos sentirnos libres
del peso y la sombra que arroja aquel conflicto. Con motivo del
70 aniversario del comienzo de la guerra, los museos municipales
de Gijón realizaron varias exposiciones con el título
genérico de “Asturias en Guerra”, con el objeto
de recordar este funesto suceso y con el fin ultimo de no olvidarlo
para que no vuelva a repetirse.
Los documentos que se muestran en la exposición han sido
adquiridos por el museo en los últimos años y proceden
de archivos familiares. Son, sobre todo, documentos personales o
del tiempo de la guerra y la posguerra que fueron conservados en
las casas. Son documentos que desprenden intimidad, como las cartas;
falta de libertad, como los salvoconductos; inquietudes artísticas,
como las caricaturas; frío y penuria, miedo y horror.
La exposición se divide en cuatro apartados, que son los
siguientes:
1. La propaganda.
Es uno de los aspectos fundamentales de la guerra moderna. No sólo
se lucha en el frente, sino en la retaguardia donde hay que asegurar
fidelidades y mantener alta la moral de la población, aunque
a veces para eso haya que mentir o tergiversar las noticias. La
propaganda se realiza a través de la radio, prensa, carteles,
sellos y panfletos en los que se controla la información,
se difunden mensajes y partes de guerra, se ensalza la imagen de
lideres políticos y militares, y se muestra el heroísmo
de los combatientes.
En este apartado se exponen periódicos, carteles, panfletos,
impresos sobre los “Héroes del Simancas”, convocatorias
de actos o charlas, impresos relacionados con la recaudación
de dinero en ambos bandos (viñetas de la “Cruzada contra
el frío”, de la campaña “Auxilio de Invierno”
de la organización femenina “Auxilio Social”
creada para atender comedores y hogares infantiles, del “Subsidio
al combatiente” recaudado para las familias de los soldados,
de CNT, FAI, UGT y Juventudes Libertarias y sellos de recargo del
Consejo de Asturias y León), el papel de la fotografía,
y el culto a la personalidad y la imagen del general Franco.
2. Escribir y dibujar en tiempo de guerra.
Escribir cartas o diarios íntimos en los que se relatan
los acontecimientos y los pensamientos más personales, y
dibujar caricaturas o retratos de compañeros, son modos habituales
de evadirse del horror y de aliviar la tensión que supone
la guerra.
La guerra y la emigración son las situaciones que más
cartas han generado en Europa entre las clases populares. La necesidad
de conocer el paradero y el estado de los seres queridos, así
como el desahogo que supone la escritura, son las causas principales
de estas correspondencias. Ahora bien, las cartas son un modo de
transmitir noticias e información, y por tanto están
sometidas a unas normas muy estrictas y son supervisadas por los
censores. Se controlan todas las cartas, tanto las que tienen su
origen en el frente y la retaguardia, como las que salen de la cárcel
o llegan desde el extranjero.
Se exponen cartas y tarjetas postales enviadas desde el frente,
la retaguardia, la cárcel y el exilio. Cartas sometidas a
censura, a normas estrictas y a veces escritas con “tinta
invisible” hecha con zumo de limón. También
diarios íntimos y caricaturas. Por ejemplo, en el apartado
de “En la cárcel” se mostrarán los siguientes
documentos:
- Tarjetas postales escritas por José Agudín Antón,
natural de Cangas del Narcea, encarcelado en la cárcel
Provincial de Oviedo el 21 de septiembre de 1938, condenado a
pena de muerte y fusilado el 28 de agosto de 1939. Una de las
tarjetas lleva unas líneas escritas con “tinta invisible”.
- Tarjetas postales escritas por presos republicanos desde las
cárceles de El Coto (Gijón), Figueirido (Pontevedra)
y Burgos.
- Cartas de Humberto Alonso Pérez, de 25 años,
vecino de San Esteban de Pravia, casado y pintor. Militante de
las Juventudes Libertarias y presidente del Comité de Guerra
de Soto del Barco. Preso en la cárcel de El Coto (Gijón).
Fue condenado a pena de muerte y fusilado el 29 de mayo de 1938.
Tres de las cartas que se exponen fueron escritas en papel de
envolver y sacadas de la cárcel clandestinamente, una de
ellas es la última que escribió antes de su ejecución.
- Cartas dirigidas a un preso republicano en la cárcel
de El Coto (Gijón) por su mujer, 1939.
- Pitillera de madera con la inscripción: “Aurelio
Alonso / Recuerdo que le envía desde la prisión,
su hijo Amador. 1939”, y dibujo de una romeria de F. Campos.
- Tarjetas postales escritas por un preso en una cárcel
de la zona republicana, San Esteban de las Cruces (Oviedo), 1937.
- Caricaturas de presos y funcionarios de prisiones realizadas
entre 1938 y 1939 en la cárcel de El Coto (Gijón)
por un preso republicano del que sólo conocemos su seudónimo:
“Xivis”. Son caricaturas de mucha calidad, dibujadas
por un artista influido por Bagaría. Muchos de los retratados
portan utensilios, visten o se muestran en actitudes que reflejan
su personalidad, profesión o intereses.
Y “En el exilio”, se exponen los siguientes documentos:
- Cartas, tarjetas postales y telegrama escritos por Manuel Agudín
Antón, natural de Cangas del Narcea, republicano y exiliado
en 1939, entre 1940 y 1942 desde Lannemezan, Marsella y el campo
de concentración de Le Vernet d’Ariège, en
Francia, Casablanca (Marruecos) y México. Las cartas están
dirigidas a su esposa, que vivía en la villa de Cangas
con sus dos hijos, y fueron escritas con tinta normal y con “tinta
invisible”. Esta última se hacía con zumo
de limón y para hacerla visible se colocaba encima una
plancha caliente. Manuel Agudín llegó a México
en noviembre de 1942 y allí murió. No volvió
nunca más a Asturias.
- Cartas de Maruja Iglesias, natural de Salinas, que en 1937,
con 19 años, acompañó a un grupo de “niños
de la guerra” desde Gijón a la Unión Soviética,
escritas desde Saint Germain en Laye (Francia) en 2006 donde comunica
su interés por enviar una fotografía de la colonia
de niños españoles nº 1 Estación Pravda,
Tiscobo, Moscu, al Museo del Pueblo de Asturias.
- Ejemplar de Asturias y sus hombres, libro de historia y memorias
del socialismo asturiano escrito por Andrés Saborit (Alcalá
de Henares, 1889-Valencia, 1980), militante socialista, diputado
por Asturias en 1918 y exiliado al finalizar la guerra, y editado
en Toulousse (Francia) en 1964.
3. El control de las personas: la perdida de la libertad.
Todas las guerras suponen el control y la vigilancia extrema de
la población. El enemigo puede estar en cualquier parte,
y la desconfianza y el miedo presiden casi todos los actos de la
vida cotidiana. Las personas pierden la libertad de movimientos
y necesitan una autorización para desplazarse. Es muy importante
tener documentos que te identifiquen, y en ciertas circunstancias
es primordial que un papel avale tus ideas y tu conducta. A menudo,
el encarcelamiento y la vida de muchas personas dependieron de estos
documentos. También, durante la guerra, la adquisición
de productos (ropa, medicinas, alimentos, agua, etc.) estuvo controlada
y su consumo no era libre. Lo mismo sucedía con la posesión
de una cámara fotográfica o una radio, para lo cual
se necesitaba una autorización.
En este apartado se muestran ordenes de expulsión; salvoconductos
imprescindibles para viajar en ambos bandos; certificados de conducta
y avales de los dos bandos; relaciones de enemigos o “listas
negras”; carnés de sindicatos, partidos y “orden
público”; vales de compra; documentos sobre el control
de los aparatos de radio y el reglamento de la militarización
de todos los trabajadores de la industria minera y las fábricas
de armas.
Para más información sobre el Museo del Pueblo de
Asturias y la Red de Museos Etnográficos de Asturias consultar
las paginas web siguientes: http://museos.gijon.es
y www.redmeda.com
Ver también:
LÓPEZ ÁLVAREZ, Juaco (2005) La fotografía
en un museo de etnografía. La experiencia del Museo del Pueblo
de Asturias, en: C. Ortiz García; C. Sánchez-Carretero
y A. Cea Gutiérrez (coord.) Maneras de mirar. Lecturas
antropológicas de la fotografía. Madrid: CSIC,
págs. 169-187.
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