| Introducción
Este artículo recoge las principales cuestiones planteadas
en el trabajo de investigación desarrollado entre septiembre
del 2005 y junio del 2006, que constituye una primera aproximación
antropológica a la emergencia y al desarrollo del denominado
arte dongba contemporáneo ( xiàndài
dongba yíshú) [1]
en la sociedad naxi de Lijiang, Yunnan, R.P China.
Los naxi conforman una de las 55 minorías étnicas
o “nacionalidades minoritarias” ( shaoshù
mínzú) oficialmente reconocidas por parte del
gobierno de la República Popular China. Cabe tener en cuenta
que la clasificación oficial de la diversidad étnica
y cultural en la China contemporánea responde a una de las
primeras iniciativas políticas propugnadas a principios de
los años cincuenta por la recién formada R.P.China,
que vio en la delimitación de las fronteras étnicas
un importante signo de poder y control social para la consolidación
del nuevo Estado [2].
Como en otros contextos, dicho deseo de poder y control social implicó
el sometimiento de identidades locales y la invisibilidad de las
relaciones sociales entre diferentes comunidades, hecho que se manifestó
en las los trabajos etnográficos que dieron como resultado
el mapa étnico y administrativo oficial que se maneja actualmente
en la R.P. China (McKhann 1998: 24).
Éste aspecto es especialmente relevante en relación
a la categoría Naximinzu, puesto que según
la división administrativa y étnica oficial dicha
categoría engloba, además de las comunidades naxi
del condado de Lijiang que conforman el ámbito de estudio
de esta investigación, las comunidades cercanas a Yonging
– al noroeste de Lijiang y alrededor del lago Lugu –que
no se identifican con los vecinos naxi sino que se autodenominan
mosuo [3].
En la encrucijada de este entramado de realidades identitarias y
representaciones étnicas oficiales, la investigación
que aquí se recoge señala de qué manera la
cultura material se perfila como un elemento identificativo en constante
proceso de transformación y reinterpretación, a partir
del cual los naxi del condado de Lijiang proyectan su singularidad
respecto otras sociedades geográfica y culturalmente próximas.
Objetivos de la investigación y consideraciones metodológicas
El objetivo principal de la investigación consistió
en analizar cómo la sociedad naxi recupera y reproduce algunas
de sus tradiciones mediante los objetos que conforman el arte dongba
contemporáneo. Asimismo, la investigación se concretó
en el análisis de los usos sociales de los objetos artísticos
naxi en el contexto de la emergencia de la designada “Escuela
de Pintura Dongba Contemporánea” durante los años
ochenta y, paralelamente, en el análisis de las transformaciones
en la producción y circulación de dichos objetos en
el actual contexto de la ciudad de Lijiang caracterizado por el
impacto del mercado turístico.
La desnaturalización y desacralización de la noción
“arte” como objeto de estudio - así como su reconocimiento
en tanto que categoría constituida en situaciones históricas
y socioculturales concretas - son aspectos centrales de las perspectivas
teóricas y metodológicas que he adoptado como marco
teórico de referencia. Estas perspectivas están dirigidas
a la restitución de la interacción social como elemento
básico en el proceso de dotación de significados a
los objetos. Precisamente en este sentido se posicionaba Gell (1998)
cuando afirmaba que la especificidad de los objetos artísticos
no responde a ningún tipo de naturaleza intrínseca
e independiente del contexto, sino que los objetos establecen su
significado a través de la interacción social en la
que actúan como mediadores de acciones sociales.
Tal y como afirma Geismar, la relevancia de la perspectiva que
presenta Gell radica en el hecho de entender que los objetos artísticos
- o índices de agencia social- participan activamente
en las relaciones sociales en virtud de su materialidad y no funcionan,
únicamente, como meras representaciones de la cultura o la
estructura social (Geismar 2004: 45). Dicha
perspectiva, centrada en la materialidad de los objetos y en su
capacidad de agencia social, es totalmente pertinente para
la investigación que aquí se recoge, puesto que los
objetos que conforman el arte dongba contemporáneo no implican
únicamente una representación de los cambios en la
sociedad naxi de la últimas décadas sino que juegan
un papel activo y clave en estas transformaciones.
El trabajo de campo etnográfico se desarrolló fundamentalmente
en la ciudad de Lijiang, donde se analizó la circulación
de los objetos que forman el arte dongba contemporáneo y
se realizaron entrevistas a diferentes agentes sociales que participaron
y participan de la recuperación de las tradiciones naxi a
través de las producciones artísticas. El trabajó
etnográfico se complementó con una importante aproximación
histórica, puesto que la realidad contemporánea de
la sociedad y la cultura naxi - así como la recuperación
de las tradiciones y la configuración de la categoría
“arte dongba contemporáneo” - remiten y responden
necesariamente a la complejidad de los hechos acaecidos en la sociedad
naxi a partir de la segunda mitad del siglo veinte.
Textos pictográficos e imágenes pictóricas
Hasta finales de los años setenta el término “dongba”
– que en lenguaje naxi significa literalmente “hombre
sabio” o “maestro”- se utilizaba exclusivamente
para referirse al principal especialista ritual de la sociedad naxi.
La religión autóctona naxi o religión dongba,
articulada a través de un complejo sistema ritual oficiado
por los sacerdotes dongba [4],
fue un elemento central de la sociedad naxi hasta la segunda mitad
del siglo veinte. A partir de la fundación de la República
Popular China en el año 1949, los naxi de la ciudad de Lijiang
abandonaron las prácticas rituales que definían la
cotidianidad de su organización social y sólo fueron
iniciados unos pocos sacerdotes dongba en zonas rurales del condado
donde se continuaron realizando algunos rituales aunque de manera
esporádica y totalmente clandestina (Mathieu
2003: 58).
La prohibición de realizar rituales religiosos y de producir
o mostrar objetos vinculados a dichos rituales – prohibición
que se agudizó y violentó durante la revolución
cultural (1966-1976) – afectó especialmente a aquellas
religiones que, como la naxi, se articulan en rituales dirigidos
a divinidades identificables con elementos de la naturaleza y que
fueron denominadas “cultos primitivos” o “supersticiones”
(
míxìn) (McKhann 1992).
La religión naxi es altamente sincrética e incluye
creencias basadas en el culto a los ancestros y a las diferentes
deidades identificadas con elementos de la naturaleza, además
de adoptar elementos simbólicos y prácticas rituales
de religiones vecinas como el budismo tibetano, el taoísmo,
el confucianismo y el budismo chino, pero sobretodo del bön
tibetano (Mathieu 2003: 99). Los naxi identifican
al primer sacerdote y fundador del culto dongba con el personaje
mítico Dibba Shilo, que los expertos vinculan e identifican
con Shenrab Mibo, reconocido por los sacerdotes bön como primer
reformador del “bön antiguo” [5].
Aunque el debate es amplio y profundo, la mayoría de investigadores
constatan que dicha correspondencia, juntamente con otros datos
históricos, implican una menor o mayor influencia del bön
en la religión dongba. [6]
Sin embargo, uno de los elementos más característicos
de la religión naxi, que no se encuentra en ninguna de las
tradiciones de las que se nutre, consiste en la existencia de los
manuscritos pictográficos que los sacerdotes dongba producen
y utilizan como herramientas mnemotécnicas durante los rituales.
Puesto que los pictogramas son uno de los elementos predominantes
en el arte dongba contemporáneo conviene presentar, aunque
sea brevemente, el uso y la lógica de los manuscritos rituales
que estos pictogramas integran.
Se pueden distinguir tres grandes grupos de textos rituales naxi
según su contenido: (1) aquellos que recogen los cantos que
los dongba recitan en cada ritual y que constituyen los libros rituales
propiamente dichos, (2) los libros de adivinación y (3) los
denominados “libros índice” que indican detalladamente
el momento preciso en que se debe realizar un ritual así
como también los libros y objetos que se deben utilizar en
cada caso (Jackson y Pan 1998). Los primeros
están formados por pictogramas inscritos con lápices
de bambú que pueden o no pintarse, mientras que los libros
de adivinación y los libros índice utilizan la escritura
fonética geba (McKhann 1992).
Tradicionalmente, a diferencia de ésta última, la
escritura pictográfica no se utiliza en ningún otro
ámbito que no fuera el ritual y su uso estaba reservado a
los sacerdotes dongba, los únicos capaces de producir y leer
dichos manuscritos.
La escritura pictográfica naxi no establece una equiparación
clara entre los pictogramas y las unidades lingüísticas,
puesto que las “frases” no representan unidades gramaticales
completas sino que, durante el ritual, los dongba se apoyan en dichos
símbolos pictográficos para guiar la pronunciación
de los cantos que retienen en la memoria (Bockman
1989). De esta manera, a través de la lectura de los
pictogramas, los sacerdotes dongba recuerdan aquello que se les
transmitido oralmente durante el período de aprendizaje.
A lo largo de dicho período, los aspirantes a dongba también
deben adquirir las habilidades para realizar los objetos que se
utilizan para “construir” el espacio ritual, así
como el conocimiento de las pautas de disposición de dichos
objetos y la destreza para “escribir” los propios textos.
Los principales objetos rituales consisten en las pinturas sobre
estacas de madera que se utilizan para delimitar el espacio donde
se realiza el ritual y en las pinturas sobre tela que los sacerdotes
disponen dentro de este espacio. Estas últimas pinturas representan
a diferentes divinidades según el objetivo del ritual y muestran
un importante paralelismo con las pinturas sobre tela utilizadas
en los rituales del budismo tibetano (tankas), tanto por
sus características formales como por la iconografía.
McKhann y Mussler (1997) también equiparan
la representación de los diversos estadios de las pinturas
naxi denominadas “Rollo del Camino de los Dioses” –
pinturas sobre tela de cáñamo de hasta diez metros
de largo que se disponen en el suelo en los rituales funerarios
– con la cosmología que se manifiesta en los mandalas
tibetanos de la rueda de la vida [7].
Cuando pregunté al sacerdote He Zheban cuáles son
los conocimientos que debe adquirir un dongba para ser considerado
como tal, me contestó con firmeza indicándome el manuscrito
que tenía entre las manos:
Un dongba debe tener las cinco habilidades: escribir, leer, pintar,
bailar y recitar. Sólo si tiene estas habilidades puede realizar
los rituales. Esto es… esto lo consideramos escritura (refiriéndose
al manuscrito que sostiene). Cuando digo pintar me refiero a las
imágenes de Dibba Shilo, Ami Shilo, a estas imágenes
que disponemos cuando realizamos un ritual. ¡Y sobretodo a
los rollos!
Es importante tener en cuenta que, tal y como expresa He Zheban,
los sacerdotes dongba consideran los pictogramas como textos y no
en tanto que imágenes pictóricas aunque, como veremos
a continuación, el arte dongba contemporáneo toma
como referente de la tradición los pictogramas y no las representaciones
consideradas imágenes pictóricas por parte de los
propios sacerdotes dongba.
Reconstruyendo la “cultura dongba”: Las primeras formulaciones
Tras la muerte de Mao Zedong en 1976, el presidente Deng Xiaoping
dio por terminada la política revolucionaria de su predecesor
y la R.P. China inició un periodo de modernización
y apertura internacional. El inicio de la recuperación de
los rituales religiosos y los objetos a ellos vinculados por parte
de la sociedad naxi a partir de los años ochenta refleja
también un cambio de actitud del gobierno de Deng Xiaoping
frente a las manifestaciones religiosas.
Además de las reformas en el modelo económico y
la política internacional (Lemoine 1989),
la política interior vinculada con los grupos étnicos
minoritarios también dio un giro, incentivando la recuperación
de sus tradiciones (Wu 1989: 14-16) y promocionando
sus representaciones (Gladney 1994). El arte
dongba contemporáneo surgió en este contexto de recuperación
de las tradiciones, pero la primera redefinición de la noción
“dongba” se desplegó en un contexto institucional
por parte de investigadores naxi y de algunos sacerdotes.
A principios de los años ochenta, un grupo de jóvenes
naxi inició proyectos de investigación incentivados
por el gobierno y dirigidos a recuperar las tradiciones que habían
comenzado a abandonarse durante los años cincuenta. Dichos
proyectos se desarrollaron alrededor de la institución que
se inauguró en 1980 con el nombre de “Instituto de
Investigación de la Cultura Dongba” (
Dongba Wénhuà Yánjiusuo) y que actualmente
está emplazado en el Heilongtan Gonyuan (Parque
del Estaño del Dragón Negro), uno de los lugares más
emblemáticos y turísticos de la ciudad de Lijiang.
La principal iniciativa de la institución y la razón
de su fundación consistió en reunir a los sacerdotes
dongba que habían recibido el aprendizaje anteriormente al
1949, con el objetivo de iniciar un proceso de recolección
y traducción de los manuscritos pictográficos que
no fueron destruidos durante la revolución cultural.
De este modo, con la creación del Instituto Dongba, emergió
por primera vez la equiparación entre la noción “dongba”
y la tradición cultural naxi a través de los pictogramas.
Sin dudar del interés de los intelectuales naxi por los libros
rituales y el conocimiento que éstos contienen, sí
podríamos pensar que la centralidad de la escritura pictográfica
en los proyectos de recuperación de las tradiciones y el
hecho de escoger el término “cultura dongba”
– en lugar de lo que pudiera haber sido “cultura naxi”
– manifiesta un cierto pragmatismo político que da
continuidad a la popular equiparación, mantenida por el gobierno,
entre la noción “cultura” (wénhuà)
y las “tradiciones textuales”; noción que encuentra
su contraposición con el término “costumbre”
(fengsú xíguàn) que se utiliza para
referirse a aquellas tradiciones que no cuentan con escritura propia
[8].
Actualmente el instituto está integrado por veinte investigadores
y tres sacerdotes dongba que dan continuidad a dicha equiparación
entre la “cultura dongba” y los manuscritos pictográficos,
mediante las exposiciones museísticas dirigidas a la promoción
turística de la cultura dongba y a los prolongados proyectos
de traducción y divulgación de los textos rituales.
El acento en el conocimiento textual de los sacerdotes dongba responde
a la producción de una cultura local que identifica al pueblo
naxi y que se basa principalmente en los pictogramas escritos para
presentar una cultura antigua pero sobretodo una “cultura
escrita” (wénhuà).
La Escuela Dongba de Pintura Contemporánea
Paralelamente a los proyectos dirigidos a la traducción de
los textos rituales, un grupo de siete pintores naxi que habían
estudiado en institutos y facultades de bellas artes en Beijing,
Shanghai o Kunming dieron los primeros pasos para el desarrollo
de un “nuevo arte naxi”, tal y como lo denominan los
propios artistas. A finales de los años setenta, tras terminar
los estudios en bellas artes, la mayoría de estos jóvenes
artistas regresaron a la ciudad de Lijiang donde fueron contratados
para trabajar en distintos proyectos institucionales que consistían
en reproducir los objetos pictóricos rituales naxi –
las pinturas sobre tela - que pasaron a integrar una nueva categoría
como “arte tradicional dongba”.
Sin embargo, una primera observación a los propios objetos
pictóricos que configuran la pintura dongba contemporánea,
muestra cómo dichos artistas encontraron en los textos rituales,
y no en los objetos pictóricos tradicionales, los atributos
para desplegar las motivaciones que compartían y que consistían
en la creación de un arte moderno específicamente
naxi a través de la integración de la tradición
prohibida a partir de 1950.
Antes de presentar el análisis de dichos objetos e identificar
los elementos de la tradición que a través de ellos
se evocan, conviene señalar que los pintores con los que
contacté durante el trabajo de campo enfatizaron la necesidad
de reconocer la individualidad estilística de cada artista.
La “Escuela de Pintura Dongba Contemporánea”
que estos artistas integraron no consistía en un grupo cooperativo
en el que se trabajara conjuntamente, sino que su formación
y agregación respondió a las motivaciones compartidas
que implicaban la creación de un arte naxi moderno pero,
sobretodo, a la necesidad de presentar, canalizar y distribuir los
objetos pictóricos que cada pintor producía.
Actualmente la mayoría de estos artistas trabajan en instituciones
académicas o museísticas en Kunming, Beijing, Shanghai
o Dali y únicamente algunos - además de promocionar
sus pinturas a través de círculos internacionales
especializados o en las principales ciudades de China - distribuyen
también sus producciones en el mercado turístico de
Lijiang a través de galerías tuteladas por intermediarios
con los que generalmente mantienen relaciones de parentesco.
No obstante, hasta la segunda mitad de los años noventa,
los objetos que materializan ésta nueva estética naxi
basada en elementos tradicionales encontraron el principal espacio
de circulación y de consumo en el mercado internacional del
arte. La relación de los propios naxi con los nuevos objetos
artísticos implicó un rechazo inicial similar al que
documenta MacClancy en otros contextos, donde el surgimiento de
artistas individuales que introducen innovaciones drásticas
basadas en referentes estéticos o formales tradicionales
conlleva críticas por parte de los miembros de la propia
sociedad (MacClancy 1997: 14).
Una aproximación a los propios objetos pictóricos
en su materialidad, pone de manifiesto cómo los pictogramas
son los principales referentes formales de los nuevos objetos. Las
pinturas dongba contemporáneas toman los rasgos formales
y identificativos de los pictogramas que indican figuras concretas,
para construir los motivos de las nuevas pinturas. Uno de los ejemplos
más destacados consiste en la utilización de los tocados
para identificar el sexo, el rol social o la actividad que desarrollan
las figuras representadas en las nuevas pinturas.
Aunque el principal uso de los pictogramas consiste en esta adaptación
iconográfica, también se integran los pictogramas
en tanto que escritura a través de su referente fonético,
como sucede en la anotación del título de la pintura
o en las referencias descriptivas que suelen ir acompañadas
de su traducción en caracteres chinos. Finalmente, cabe señalar
que los pintores naxi firman sus obras a la manera tradicional china,
utilizando los sellos únicos y originales, pero en este caso
integrados por pictogramas dongba.
La adopción de los caracteres pictográficos como
base iconográfica de la pintura dongba contemporánea
responde al cambio en las representaciones de las minorías
étnicas que implicó transformaciones en la valoración
de aquello “primitivo” dentro de la propia lógica
evolucionista china. Los pictogramas siguen concibiéndose
como formas representativas de un estado evolutivo inferior de la
cultura china pero ya no se contemplan como representación
de las prácticas e ideas antisocialistas que se deben “erradicar”,
sino que presentan la unicidad, originalidad y antigüedad de
la cultura naxi que se debe “recuperar”. La tradición
ritual naxi, considerada como una “superstición feudal”
durante la época de Mao Zedong, se contempla actualmente
como un tesoro de la cultura nacional y un pilar de la industria
(Yang Fuquan 2003: 480).
Dichos cambios se ponen de manifiesto tanto en la materialidad
de los objetos que presentan una destacada influencia de las vanguardias
europeas,[9]
como en el discurso de los pintores, quienes se refieren a los pictogramas
como “formas primitivas de arte”.
La exploración de los elementos formales que se incorporan
en los nuevos objetos artísticos señala dos importantes
aspectos. En primer lugar, nos indica que los artistas contemporáneos
incorporan los pictogramas en sus producciones principalmente como
imágenes, aunque en su contexto tradicional éstos
desarrollan su principal función como símbolos mnemotécnicos
y son considerados escritura. Además, dicha aproximación
muestra cómo en las nuevas producciones, los artistas ocasionalmente
adoptan los referentes visuales de los objetos rituales que los
sacerdotes dongba sí consideran imágenes pictóricas.
A diferencia de las pinturas sobre tela que materializan evidentes
similitudes formales con los tankas tibetanos, los pictogramas se
presentan como los elementos más antiguos y “primitivos”
de la cultura naxi, susceptibles de recibir diferentes tratamientos
estilísticos y, lo que es más importante, son considerados
patrimonio exclusivo del pueblo naxi.
Además de presentarse como los objetos rituales formalmente
más distantes respecto otras tradiciones, los pictogramas
también constituyen los referentes materiales de la tradición
naxi más fácilmente desvinculables de las connotaciones
y funciones religiosas. Dicha necesidad de diferenciar el nuevo
arte del ámbito ritual donde actúan los objetos tradicionales
surgió repetidamente en las entrevistas realizadas a los
pintores. Según me expuso Zhang Yunling – considerado
por los propios pintores naxi como principal incentivador de la
nueva estética – el vínculo del término
“dongba” con los rituales religiosos implicó
controversias sobre la utilización de dicho término
como categoría para definir los objetos que conforman la
nueva estética naxi. Paralelamente, las palabras de Zhang
Yunling, muestran cómo los pintores se distancian de las
pinturas rituales sobre tela, clasificadas como pinturas dongba
tradicionales a partir de los años ochenta:
Al principio no consideraba demasiado correcto denominar a mis
pinturas “pinturas dongba” porqué las pinturas
tradicionales dongba reflejan los sentimientos y las ideas religiosas
de los naxi (Entrevista Zhang Yunling).
Ya me he referido a las connotaciones representativas de la cultura
y del pueblo naxi que había adoptado el término dongba
a finales de los años setenta; connotaciones a las que Zhang
Yunling y los demás pintores no querían renunciar.
La solución definitiva a este dilema la proporcionó,
según me expuso Zhang Yunling, un crítico de arte
chino que propuso añadir el término xiàndài
(contemporáneo o moderno) para neutralizar las connotaciones
religiosas de la noción “dongba” y diferenciar
a las nuevas producciones respecto las pinturas rituales, pero sobretodo
para distanciarse de aquellas en las que el contenido religioso
se detecta más fácilmente.
La adopción de la palabra “dongba”, reforzó
el nuevo vínculo del término con la representación
de la cultura naxi a través de los pictogramas y proporcionó
una nueva categoría para identificar los nuevos objetos artísticos
(contemporáneos) que se basan en elementos tradicionales
naxi (dongba).
Los textos rituales contienen también las historias, mitos
e ideas que se representan en las nuevas pinturas. Los pintores
con los que establecí contacto durante el trabajo de campo
consideran que a través de sus pinturas han ejercido una
importante función como “descubridores de la memoria
del pueblo naxi”. Sin embargo, de nuevo, una aproximación
a los propios objetos pictóricos en su materialidad, señala
la ambivalencia entre “creación” y “descubrimiento”,
puesto que dicha representación implica no solamente una
interpretación y reconstrucción de éstas ideas,
mitos e historias, sino también la recreación de la
identidad del pueblo naxi y de las realidades culturales más
próximas.
Uno de los temas más representados en estos objetos es
el mito sobre el origen de los seres humanos a través de
la historia de migración des del Cielo hacia la Tierra de
Coq’s, el progenitor masculino de los seres humanos,
y su esposa celestial denominada Ceil. Los textos rituales
relatan que tras crear el mundo natural, Ceil engendró a
tres hijos; el primogénito se convirtió en el primer
ancestro de los tibetanos, el segundo hijo en el primer ancestro
de los naxi y el tercero de los bai (McKhann
1992).
En la última pintura correspondiente al ciclo de tres imágenes
sobre el mito de origen que produjo Zhao Youheng, los ancestros
son sustituidos por tres figuras femeninas que representan tres
mujeres de las correspondientes minorías étnicas,
cargando diferentes herramientas mientras caminan bajo la Yuolngxushan
(Montaña Nevada del Dragón de Jade), mientras en la
parte superior de la imagen se inscribe el pictograma que denota
“origen”, que sirve para anotar el título de
la pintura. Las valoraciones del pintor y de las personas presentes
durante la conversación dieron las claves interpretativas
sobre las transformaciones de la pintura que produce representaciones
sobre Yunnan, Lijiang y su población.
En primer lugar, la pintura hace referencia a la provincia de
Yunnan como territorio habitado por pueblos minoritarios; enfatizando
el vínculo entre aquellos pueblos que, según el mito,
comparten el mismo origen ancestral y estableciendo la oposición
entre nacionalidades minoritarias y la nacionalidad mayoritaria
(Han minzu) que estructura la etnicidad en la China contemporánea
(Gladney 1994). También se materializa
la común feminización que refuerza el exotismo en
la representación de las minorías étnicas (Gladney
1994; Harrel 2001) a través de
la identificación de los tres pueblos mediante las figuras
femeninas con la indumentaria tradicional y compartiendo los recursos
de la naturaleza.
Finalmente, el lugar de encuentro de las tres figuras femeninas
– de las tres minorías étnicas - se localiza
a los pies de la Yuolngxushan, lugar que se ha convertido
en símbolo de la identidad de los naxi de la ciudad de Lijiang,
leitmotiv de los objetos artísticos contemporáneos
y uno de los atractivos turísticos más promocionados
por parte de las autoridades locales.
La popularidad del arte dongba contemporáneo
Junto a la divulgación de los textos rituales a través
de las publicaciones realizadas por parte de los investigadores
del Instituto Dongba, las nuevas pinturas – mediante su circulación
en los mercados internacionales de arte - también desempeñaron
un destacado papel en la creación del concepto “cultura
dongba” y su identificación con la sociedad naxi. No
obstante, hasta la segunda mitad de los años noventa, las
nociones “cultura dongba” y “arte dongba”
se desarrollaron en un contexto de recuperación de las tradiciones
eminentemente académica e institucional que implicó
a pintores formados en bellas artes, a jóvenes investigadores
y algunos sacerdotes dongba. Actualmente, la situación es
substancialmente distinta puesto que los propios naxi se refieren
a su cultura como “cultura dongba” y los pictogramas,
inscritos en diferentes objetos, definen el recorrido de la mirada
a través de las calles de la “ciudad antigua”
de Lijiang (Dayanzhen).
A principios de los años noventa Lijiang comenzó
a recibir algunos turistas – básicamente europeos y
norteamericanos en su trayecto “alternativo” hacia el
Tibet (McKhann 2001: 247) – pero a
partir del 1995, la inauguración de un aeropuerto a treinta
kilómetros de la ciudad desencadenó un vertiginoso
aumento del turismo; crecimiento que se incrementó durante
la segunda mitad de los noventa, cuando el dominio de los turistas
extranjeros se fue sustituyendo por una mayor influencia del turismo
nacional [10].
La condición actual de Lijiang como principal destino turístico
de Yunnan se atribuye a la declaración de la ciudad como
patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en diciembre de 1997 (Peters
2001). No obstante, dicha declaración llegó un
año después del terremoto que sacudió Lijiang
y que los propios naxi perciben como factor determinante en las
transformaciones de la ciudad, convertida en espacio paradigmático
para la promoción de la cultura dongba y para la representación
oficial de las “nacionalidades minoritarias” de Yunnan.
Los objetos de arte que en ella se distribuyen tienen una importante
función en dichas representaciones [11].
Tal y como refirieron los artistas durante las entrevistas, el arte
dongba contemporáneo empezó a ser un elemento destacado
en Lijiang “tras el terremoto”, cuando la mayoría
de los artistas empezaron a producir y a vender dichos objetos de
arte en establecimientos emplazados en las calles y plazas de la
ciudad antigua “reconstruida” tras el seísmo.
El éxito comercial de los pictogramas como marcadores de
la sociedad naxi impulsó la reacción de los investigadores
del Instituto Dongba que programaron proyectos de aprendizaje para
promocionar la producción de objetos artísticos. Las
primeras manifestaciones del arte dongba contemporáneo que
se distribuyeron en Lijiang consistían en pinturas acrílicas
producidas por jóvenes naxi de Lijiang, pero sobretodo por
naxi procedentes de zonas rurales próximas que se trasladaron
a la ciudad donde aprendieron distintas técnicas artísticas,
adquirieron nociones básicas sobre los pictogramas y comenzaron
a ejecutar sus propias producciones.
Las nuevas producciones artísticas que surgieron hace más
de veinte años se han convertido en el referente de los objetos
artísticos que se producen y circulan actualmente en la ciudad
de Lijiang. No obstante, el impacto del turismo ha comportado un
importante cambio en la categoría “arte dongba contemporáneo”,
que actualmente incluye a una amplia variedad de objetos que circulan
principalmente en la ciudad de Lijiang, cuyos productores ya no
son únicamente artistas con formación académica
en bellas artes y que encuentran en los turistas a los principales
receptores.
A diferencia de los pintores que se agruparon alrededor de la “Escuela
de Pintura Dongba Contemporánea”, los artistas que
residen y producen sus obras en Lijiang dependen económicamente
de la capacidad para vender sus producciones a los turistas que
visitan la ciudad; actividad comercial que ellos mismos desempeñan.
Los artistas producen diferentes objetos en función del público
al que van dirigidos. Por un lado, elaboran las pinturas sobre lienzo
para vender a aquellos turistas “interesados en el arte”,
de entre las cuales, los propios artistas distinguen entre aquellas
producciones que “gustan” a los compradores extranjeros,
que consisten en representaciones abstractas a partir de los pictogramas,
de aquellas que “gustan” a los compradores chinos, que
generalmente constituyen representaciones figurativas en las que
se distingue claramente el uso icnográfico de los caracteres
pictográficos.
Los mismos artistas producen también pinturas basadas en
sencillos pictogramas que indican conceptos o expresiones, inscritos
sobre placas de madera de dimensiones más reducidas que se
dirigen al consumo de aquellas personas en busca de un objeto para
recordar y demostrar la realización del
viaje.[12]
En estos objetos, los pictogramas no adoptan una función
iconográfica como en las pinturas, sino una función
textual por lo que dichos objetos se incluyen en la subcategoría
de “caligrafía dongba contemporánea”.
Dicha producción combinada de objetos dirigidos a diferentes
públicos y que responden a distintas “necesidades”,
muestra la fragilidad de las fronteras entre las denominadas “artes
populares”, “bellas artes” y “artes para
turistas”. Paralelamente a la emergencia de las “caligrafías”
dongba contemporáneas inscritas sobre placas de madera, en
el contexto del mercado turístico de Lijiang también
surgieron un segundo grupo de objetos que se materializan en las
tallas detalladamente trabajadas sobre placas de madera de diversas
dimensiones. Según exponen los artistas, dichos objetos son
consumidos por turistas chinos que tienen suficiente poder adquisitivo
como para comprar un objeto de arte diferente a los que se pueden
encontrar masificadamente y a un precio más reducido en la
mayoría de comercios.
Las tallas de madera se vinculan con la tradición dongba
a través de la representación de historias y mitos
recopilados en los textos rituales, así como también
mediante la incorporación de los pictogramas aunque, en este
caso, adoptando una forma substancialmente distinta a las presentadas
hasta ahora. En las tallas sobre madera no aparecen pictogramas
que funcionen como referente icnográficos y su adaptación
como signos textuales es marginal. Dichos caracteres se inscriben
en los extremos de las placas de madera superpuestas en sentido
transversal y longitudinal que evocan una imagen genérica
de los propios pictogramas.
Tanto los artistas que producen pinturas y caligrafías sobre
madera, como aquellos que realizan las tallas sobre madera, entienden
que su trabajo consiste, por un lado, en “embellecer”
la forma de los antiguos pictogramas para desarrollar la nueva estética
naxi y, por otro lado, reconocen en la proliferación y repetición
de los motivos y objetos más vendidos, destacadas motivaciones
económicas.
La emergencia de las tallas sobre madera como producción
artística realizada únicamente en la ciudad de Lijiang
implica una constante articulación entre la creatividad y
la reproducción sistemática de los modelos pictográficos
más populares. Dichas pautas asociadas a la producción
de objetos configuran, respectivamente, los discursos sobre las
obras de arte y sobre los productos de consumo que, tal y como señalan
Philips y Steiner (1999), confluyen en las
valoraciones sobre el denominado arte para turistas y delimitan
los discursos sobre la autenticidad del arte.
La(s) autenticidad(es) del arte dongba contemporáneo
Los cambios y la generalización en el uso de los pictogramas,
la materialización de los objetos artísticos en diferentes
formatos y la comercialización del arte dongba contemporáneo
en el mercado turístico de Lijiang ha generado una importante
competitividad entre los diferentes objetos que se vinculan con
la tradición a partir de los pictogramas “modernizados”
y ha impulsado la emergencia de distintos criterios, utilizados
por los propios artistas, para definir y discriminar aquello que
se considera “auténtico” arte dongba contemporáneo.
Seguidamente, presento una breve síntesis de los criterios
identificados durante el trabajo de campo que se constituyen en
función de la etnicidad, de la profundidad en el conocimiento
de los pictogramas y en función de la dicotomía “original
versus copia”.
a) Autenticidad según criterios de etnicidad
En éste artículo he hecho especial hincapié
a la función identitaria que adopta el arte dongba contemporáneo
a través de la incorporación de los caracteres pictográficos
que son percibidos como patrimonio único y elemento diferenciador
de la sociedad naxi. Respondiendo a ésta función,
la etnicidad constituye la base del único criterio de autenticidad
que comparten tanto los artistas que ejecutan y distribuyen sus
producciones en Lijiang, como los pintores de la primera generación,
cuyas producciones circulan en el mercado internacional de arte.
La identificación del auténtico arte dongba en función
de si el artista es o no naxi se encuentra en el discurso de ambos
grupos. No obstante, dicho uso de la etnicidad para distinguir y
legitimar el auténtico arte dongba contemporáneo toma
más fuerza entre los artistas naxi que actualmente ejecutan
y distribuyen sus obras en Lijiang, puesto que son ellos quienes
entran directamente en relación con los artistas no-naxi
que en los últimos años han establecido galerías
para distribuir objetos de arte dongba en la ciudad. Finalmente,
cabe señalar que aunque la autoridad de los artistas naxi
se manifiesta frente a aquellos objetos de arte producidos por artistas
que no pertenecen a la minoría étnica naxi, dicho
criterio es especialmente relevante frente los objetos producidos
por artistas han.
b) Autenticidad según el conocimiento de los pictogramas
Los objetos artísticos que se distribuyen actualmente en
Lijiang como las pinturas sobre madera – por no citar otros
objetos como las camisetas – introducen caracteres pictográficos
con un uso pretendidamente lingüístico o caligráfico.
Frente ésta situación, los artistas naxi alertan de
la superficialidad en la utilización de los pictogramas y
enfatizan la necesidad de realizar estudios sobre sus significados
que permitan distinguir los auténticos objetos dongba de
aquellos que solo aparentan vincularse con la tradición naxi.
Como en el caso anterior, las críticas dirigidas al uso caligráfico
sin un conocimiento de la lógica de los pictogramas son especialmente
relevantes cuando los productores de los objetos no son naxi.
c) Autenticidad según la dicotomía originalidad
versus copia
Finalmente, los pintores académicos de la Escuela de Pintura
Dongba Contemporánea consideran que los objetos dongba producidos
en Lijiang no son propiamente arte – y mucho menos arte dongba
contemporáneo – argumentando que sus productores no
han recibido una formación académica y producen los
objetos por motivaciones económicas; circunstancias que implican
la constante repetición de piezas que rompe la posibilidad
de la unicidad y originalidad de la obra de arte.
Sin embargo, mediante la incorporación de los pictogramas
y la reconstrucción de relatos recogidos en los textos rituales,
dichos artistas definieron un marcador cultural y étnico
que siguen reproduciendo en sus pinturas puesto que les proporcionó
éxito en el mercado internacional y, consecuentemente, ha
impulsado opciones creativas y económicas a los jóvenes
artistas de Lijiang.
Conclusiones
En este artículo he presentado la destacada función
que desempeñan los pictogramas dongba en la valoración
y la identificación de las expresiones culturales como elementos
propiamente naxi. La investigación que aquí se ha
presentado muestra el papel activo que desempeñaron los objetos
artísticos en las acciones vinculadas con la recuperación
de la cultura naxi y su capacidad de influencia en la formulación
de los nuevos significados asociados al término “dongba”.
En un contexto caracterizado por el cambio en las políticas
culturales vinculadas con las “nacionalidades minoritarias”,
por la abertura del país a las ideas extranjeras y la introducción
de la economía de mercado capitalista, los jóvenes
pintores naxi dirigieron la atención a los objetos rituales
tradicionales así como al arte moderno europeo para desarrollar
un nuevo arte contemporáneo individual pero también
percibido por los propios artistas como manifestación artística
específicamente naxi. Mientras el contexto social desencadenado
durante los años ochenta implicó el surgimiento de
la categoría “pintura dongba contemporánea”
y de los objetos que en ella se inscriben, las relaciones sociales
desencadenadas en el contexto del mercado turístico de Lijiang
han comportado la reproducción de la categoría “arte
dongba contemporáneo”, la diversificación de
los objetos que la conforman y el surgimiento de discursos para
legitimar y definir aquellos objetos que constituyen el auténtico
arte dongba.
El principal símbolo identificativo del arte dongba contemporáneo
consiste en los propios pictogramas, que desempeñan una función
social de marcadores culturales, utilizando el concepto que maneja
Jules-Rossette (1984: 151). Mediante un análisis
de los objetos de arte en su materialidad, se vislumbraron las transformaciones
en la producción, valoración y función social
de los propios pictogramas desde su condición como elementos
centrales de la escritura ritual naxi -tal y como los consideran
y utilizan los sacerdotes dongba (Bockman 1989)-
a su uso como elemento icnográfico y marcador cultural en
las pinturas dongba contemporáneas. Dicho proceso de conversión-transición
del lenguaje a la imagen pictórica implica y produce transformaciones
en la función social que desempañan actualmente los
pictogramas.
Dicha adaptación e incorporación de los pictogramas
como elementos identificativos de los nuevos objetos pone de manifiesto
que las relaciones entre las cosas y las personas no son políticamente
inocentes (MacClancy 1997: 18). Las transformaciones
de la sociedad naxi a partir de los años cincuenta han implicado
cambios en la relación entre los pictogramas y los propios
naxi. Anteriormente a 1950, el conocimiento y la elaboración
de los pictogramas estaba reservado a los sacerdotes dongba y los
textos rituales desempeñaban una función religiosa.
Tras treinta años de prohibición, la centralidad de
los pictogramas resurgió para desarrollar funciones totalmente
diferentes. A través de la agencia de los artistas, los pictogramas
han estado modificados según las formas de la tradición
artística occidental, al mismo tiempo que se han desvinculado
de su función religiosa para convertirse en el referente
de unos nuevos objetos que son agentes sociales destacados en la
construcción de una cultura y una tradición que diferencia
al pueblo naxi respecto a las sociedades geográfica y culturalmente
próximas. |