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Alexandre Surrallés: Empecemos por una pregunta que
me interesa personalmente en tanto que amazonista. Tu etnografía
"Os mortos e os outros" sobre la muerte entre los indígenas
Kraho del Brasil, constituye un trabajo pionero en Amazonía
al introducir la noción de persona en el centro del análisis.
Esta perspectiva ha demostrado ser de una gran fertilidad para los
estudios amazónicos, donde el estudio de esta noción
parece ser el elemento clave de muchos trabajos actuales. ¿Cómo
fue el proceso intelectual que te llevó a interesarte por
esta cuestión, cuando en Amazonía los intereses eran
otros en aquel momento?
Manuela Carneiro da Cunha: Es una pregunta difícil
porque los recuerdos de aquella época se pierden en la noche
de los tiempos. Yo estuve haciendo trabajo de campo, corto, entre
los kraho en el 70 y después en el 72 y 73, introducida por
una amiga, Vilma Chiara. ¿Porqué me interesé?
Me acuerdo que había leído en aquel tiempo la tesis
de Melatti sobre los Kraho, que había ido un poco de tiempo
antes que yo al campo. Era una tesis muy detallada, de muy buena
calidad etnográfica, así que ya tenía donde
apoyarme para lo que era el panorama general de esta sociedad. Como
la monografía ya estaba hecha, yo me podía dejar llevar
por los temas que afloraron y el tema de la muerte me pareció
particularmente fecundo. Es cierto también que estuve muy
influenciada por Jean Pierre Vernant y también por un seminario
que hubo en París, en el 79, donde se hablaba de la noción
de persona y de la muerte, sobretodo en África, puesto que
algunos de los participantes eran discípulos de Griaule.
Lo que sí recuerdo, que me llamó mucho la atención,
era el contraste entre estos trabajos y lo que yo estaba viendo
entre los Kraho: un énfasis en los vivos y no, como en África,
un énfasis en la relación con los muertos: entre los
vivos y los muertos, había una fractura fundamental que se
podía ver en varios registros... Quedó claro, en particular,
que los afines eran los equivalentes de los muertos en el dominio
de los vivos. Esta transición que operaban los afines, expresada
en su rol funerario, me pareció una clave importante de interpretación.
La idea de afinidad era también un tema importante en aquel
momento, introducido por Lévi-Strauss por supuesto.
AS: ¿Por lo que dices, tu paso por París tuvo
una influencia muy importante en tu formación?
MC: Si claro. Estuve en Francia durante ocho años,
cinco de los cuales estudiando Matemáticas. Participé
en el seminario de Lévi-Strauss durante tres años
y leí además los ensayos de Jean Pierre Vernant sobre
la noción de persona. Jean-Pierre Vernant, algunos anos mas
tarde, se convirtió en un gran amigo. Todo esto fue muy importante
para mí. Por otra parte, me gustaría decir que otro
tema que aparece en esa misma obra Os Mortos e os Outros, es el
del amigo formal que, a la diferencia de la noción de persona,
no se ha tratado mucho en la etnografía amazónica
posterior. Creo que aún hay mucho que decir sobre él.
Existen los trabajos de, por ejemplo, Roberto Da Matta y evidentemente
los de Niumendajú, pero la importancia de este tema me parece
que permite ir mas lejos. A mi modo de ver, y dicho sea de paso,
la amistad formal es una de las grandes originalidades del mundo
Gé y, por extensión, de toda la Amazonía.
AS: Cambiemos completamente de registro para avanzar en
lo que han sido tus investigaciones más recientes. Te has
estado interesando en la importancia que tienen las organizaciones
indígenas en la política nacional, especialmente en
Brasil. También de los retos que ofrecen los pueblos indígenas
a los fundamentos de la jurisprudencia del Estado, con conceptos
como el derecho a la propiedad intelectual de sus bienes culturales,
derecho al territorio, etc... La pregunta es ¿Cuál
es el futuro de consideraciones que intenten desarrollar la jurisprudencia,
el marco legal de los estados, para dar cabida a formas indígenas
de concebir el territorio, las relaciones sociales, etc.?
MC: Bueno, esta pregunta tiene muchas facetas. Vamos a hablar
de lo más actual. Creo que las organizaciones indígenas
han dado un salto cualitativo extraordinario en los últimos
años. Todos, o casi todos, los portavoces intermediarios
han sido eliminados y esto me parece muy interesante. Ahora las
organizaciones indígenas han ocupado todo el espacio político
en relación al mundo indígena y me parece muy sano.
Una de las consecuencias interesantes de esto es que de alguna forma
se pone en cuestión las fronteras nacionales. Por ejemplo
la COICA (Coordinadora de organizaciones indígenas de la
cuenca amazónica), que tu conoces, es una organización
de organizaciones indígenas de la cuenca amazónica,
que precedió el pacto amazónico a nivel de gobiernos.
Ahora bien, una organización indígena que es pan-amazónica
tiene por supuesto problemas de representación, que todos
nosotros conocemos, uno de los grandes problemas de las organizaciones
indígenas. Un sistema legítimo de representación
es el problema que tienen todas estas organizaciones, desde las
asociaciones más locales, hasta las más regionales.
Implantar un sistema de representación que sea aceptado,
no es evidente, porque partimos de grupos, y tú lo sabes
muy bien, que tienen un tipo de participación política
directa en un ámbito mucho más local, no supralocal,
en las tierras bajas.
Cuanto al derecho intelectual de los indígenas (y evito aquí
el término propiedad intelectual), es un tema que surgió
en un foro de las Naciones Unidas y se ha convertido en un gran
debate, mucho más grande de lo que se esperaba.
AS: ¿Qué año fue?
MC: Bueno, empezó a ganar momentum con la Convención
de la diversidad biológica en 1992, hace 10 años,
y con un artículo de la convención que habla de los
aportes y de los conocimientos de las poblaciones tradicionales
indígenas ( indígenas y locales, para ser precisos,
aunque "locales" no se sabe muy bien lo que es, pero se
entiende que es "tradicionales"). En esta convención
se reconocen el aporte de los saberes tradicionales y la necesidad
de una participación equitativa en los resultados, hecho
que desencadena la justa reivindicación de tomar en cuenta
los derechos intelectuales de los indígenas. El primer problema
es que, una vez que las Naciones Unidas se apoderaron del asunto,
intentaron enseñar a los propios indígenas los instrumentos,
que ya existen en el derecho internacional, de la propiedad intelectual
y cómo se podrían adaptar a su caso (esto a través
del AUPI, es decir la organización mundial de propiedad intelectual).
Yo creo que esto ha sido un error. Los primeros derechos intelectuales
tienen apenas 30 años: los Copyright en Inglaterra y en Alemania...un
fenómeno relativamente reciente y con una profundidad histórica
muy breve. Sin embargo, este derecho se está desarrollando
extraordinariamente en las últimas décadas. Es este
cuerpo de reglas, que tiene una historia muy peculiar, que se quiere
ahora utilizar para proteger los derechos intelectuales indígenas,
cuando quizá lo que se debería hacer es adaptar las
reglas a ellos. Y particularmente pensar en instrumentos de retribución
que no destruyan sino estimulen los diversos sistemas de producción
de saberes. No obstante, la realidad es que una gran coalición
de organizaciones del sur ( definido de manera un poco sui generis,
porque hay también la China) se han unido alrededor de este
tema de manera que esta cuestión se ha convertido en un debate
del sur contra el norte, y los indígenas son lo mas sur del
sur. El segundo problema surge en el momento de dar coherencia a
estas reivindicaciones de los derechos intelectuales que se ha hecho
en nombre de grupos tan diferentes como los grupos indígenas
de las tierras bajas de Amazonía por una parte y los agricultores
de India, de Pakistán, de Malasia, que tienen intereses muy
diversos entre sí. En esta gran coalición, uno de
los planteamientos más interesantes ha sido sin duda de dejar
los conocimientos tradicionales para el dominio público y
cuando alguien se los apropie para fines comerciales, entonces se
paga a un fondo determinado. Esto a mí me parece muy bien.
Aunque queda el tercer problema de definir interculturalmente este
concepto de dominio público, en una situación tan
diversa que incluye los amazónicos y los agricultores de
la India, por ejemplo. En Amazonía, la noción de derechos
intelectuales existe, relacionada particularmente a ciertas practicas
rituales, como danzas, cantos,
En Melanesia también
parece demostrado que hay una noción muy tradicional de derechos
intelectuales. Se puede constatar una complementariedad curiosa
entre la ausencia de derechos de propiedad territorial y la presencia
de un sistema muy complejo de derechos intelectuales. Hay una complementariedad
interesante. De todos modos, cómo antropólogos hay
que reconocer que este sistema que los indígenas están
ahora reclamando es una situación que se apoya en una gran
diversidad de casos particulares pero que, al mismo tiempo, es una
novedad importante construida en un contexto mundial de alianza
del sur sin precedentes. La conclusión es que estamos ante
una mundialización de la política indígena.
¿Cómo resolverlo a nivel nacional?.
AS: En Brasil en particular.
MC: En Brasil, en particular, estamos muy retrasados, pero
eso nos permite no caer en errores ya diagnosticados. Brasil ha
sido de los primeros estados en ratificar la convención de
diversidad biológica, pero la ley para implementarla no ha
sido votada aún. Es decir que hay un decreto en vigor, pero
el congreso no se ha definido específicamente ni sobre el
acceso a los recursos genéticos, ni sobre la cuestión
de los derechos intelectuales de las poblaciones indígenas
y locales. La situación esta paralizada desde hace 8 o 9
años. Brasil es un país un poco sui generis, porque
es el único en América del sur que tiene capacidad
científica para desarrollar programas propios de investigación
en biología. Es por esto que hay una gran prudencia antes
de abrir las puertas a la libre prospección de los recursos
genéticos, de la biodiversidad. En cuanto a la cuestión
de los derechos indígenas, las organizaciones indígenas
han sido capaces de exponer la cuestión, con propuestas que
van más bien en el sentido de un libre intercambio entre
indígenas de los conocimientos, semillas, técnicas,
todo lo que quieras, es decir, un dominio público de los
bienes culturales, pero un reconocimiento de que se debe retribuir
la contribución indígena a posibles productos comerciales.
Esta es creo la dirección en la que se va. Es la dirección
también de los países de África de habla inglesa,
por ejemplo. Esta es la tendencia preponderante y a mí me
parece que es, en el estado actual de las cosas, la más correcta.
AS: Una cuestión complementaria, y que interesa particularmente
en el contexto de este congreso de antropología. Tu hablabas
que las organizaciones indígenas han terminado con antiguos
mediadores o portavoces que tenían hasta entonces, ¿cómo
ves la participación de los antropólogos en este tipo
de reflexión, como la propiedad intelectual indígena
y otros temas relacionados con los indígenas? Recordemos
que fuiste presidente de la asociación brasileña de
antropología y que por lo tanto tienes una perspectiva privilegiada
de la cuestión.
MC: Los antropólogos están ayudando actualmente
a una reflexión sobre el movimiento indígena, hoy
en día como consultores, es decir, sin el peso que tenían
hace 20 años. Esto creo que está bien. Hay que tener
en cuenta que ahora los foros en que se plantean las reivindicaciones
indígenas son, en general, foros internacionales de grupos
indígenas de varias partes del mundo. La participación
de los antropólogos es necesaria dada la complejidad de la
situación, pero más bien para documentar, reflexionar
sobre las consecuencias de ciertas opciones, que son muy nuevas
por otra parte. Por ejemplo, en Perú, por lo que he leído,
están haciendo un registro de conocimientos indígenas.
En Brasil se habló mucho de eso, ¿pero qué
tipo de registro seria eso? ¿de acceso libre o no? ¿Cuál
sería su utilidad? Las Filipinas son el único país
que han hecho algo, pero no se puede evaluar las consecuencias por
ser demasiado reciente. Todos más o menos, incluso antropólogos
y abogados que están asesorando a grupos indígenas
en esta cuestión, están a la espera. En Perú
ha sido importante para este proyecto la participación del
pueblo indígena Aguaruna. También para la redacción
de la ley en el proyecto peruano.
Regresando a lo que preguntabas, he de decir que los antropólogos
estamos implicados porque nuestra labor es investigar sobre los
conocimientos y, por consiguiente, reflexionar sobre las consecuencias
para los indígenas de este tipo de experiencias y para el
ejercicio de nuestra profesión también: qué
es legítimo, que no es legítimo, todos estos problemas
éticos, ahora se plantean de una manera que no se planteaban
hace 10 o 20 años atrás. En suma, yo tengo muchas
preguntas, creo que todos tenemos, no sé si hay respuestas
claras hasta ahora. Creo que todos los antropólogos nos sentimos
hoy día como interlocutores, con una posición e intereses
específicos, pero interlocutores de buena fe con los grupos
indígenas. En Brasil por lo menos, nuestra militancia de
largos años nos permite participar legítimamente en
los debates. Me parece que los que trabajamos con ese tipo de sociedades,
es así que nos sentimos, mucho más humildes en un
sentido, pero también conscientes de que tenemos una posición
que puede ser crítica. Pero sin olvidar que, como dijo Handler,
el antropólogo que estudia la política de la cultura
está participando necesariamente en ese proceso político
y hay que tenerlo en cuenta. Lo que publicamos o decimos es parte
del proceso político que describimos. Así, no hay
posiciones inocentes. Por lo tanto, no podemos intervenir en debates
públicos sin considerar las consecuencias. Podemos si, intervenir,
como hace por ejemplo el antropólogo Bruce Albert, en un
diálogo interno en las sociedades con las cuales trabajamos.
AS: Si, yo me encuentro también con los mismos dilemas
en mi trabajo con organizaciones indígenas amazónicas.
Una última pregunta relacionada más con la antropología
como disciplina académica en general y con su futuro. Desde
el año 1994 eres profesora del Departamento de antropología
de la Universidad de Chicago. Cuando estuve en esta universidad
como profesor visitante tuve la ocasión de confirmar que
este departamento ocupa un lugar central en la antropología
norteamericana, no sólo por la calidad de sus profesores
sino también por la cantidad de investigaciones doctorales
Desde esta perspectiva, te pediría tu opinión sobre
el estado de la antropología norteamericana y de las grandes
tendencias o síntesis que se perfilan, si las hay.
MC: Bueno, es una antropología tan diversa y tan
rica, que es difícil definir posibles orientaciones. Incluso
en el interior de los propios departamentos existe diversidad. Hablemos
de los departamentos de las Universidades de Chicago y de Michigan,
dos departamentos que tienen mucho en común. Son departamentos
donde hay un gran interés por la historia. Junto con este
interés por la historia encontramos, en Chicago muy claramente,
una línea de antropología lingüística
que se hace en estos dos departamentos cada vez más. Una
antropología lingüística que puede a veces ser
muy técnica, pero que conlleva desarrollos que tienen mucho
que decir sobre los procesos sutiles de la formación étnica
y de la identidad. De todas formas hay una tal cantidad de producción
que cualquier intento de síntesis está condenado.
Yo, claro, con una formación más bien europea, veo
con una cierta sorpresa el rechazo de la idea de estructura, que
es muy fuerte actualmente en EE.UU. Hay una pérdida de una
visión que para mí es muy importante: la idea de que
los sistemas sociales y cognitivos se organizan y que a esta organización,
a falta de otro término, se la puede llamar estructura. Esta
idea de estructura creo que sigue siendo muy fecunda, muy importante.
En EE.UU. se la ha abandonado en gran medida. Creo que va a volver
algún día, pero no por ahora. Por otra parte, hay
también todo un segmento de la academia norteamericana que
sigue estando sujeta, y ahí estoy hablando muy en general,
de una mala conciencia, de una autocrítica relacionada con
el carácter imperialista de la producción de los antropólogos
y que se condena finalmente a un tipo, vamos a decir, de solipsismo.
Es decir, sólo las mujeres pueden hablar de feminismo, solamente
indígenas pueden hablar de indígenas, sólo
los hawaianos pueden hablar de hawaianos
creo que eso también
va a cambiar, a pesar de que sigue habiendo una gran vitalidad en
este sentido. Para volver a lo que decías de las grandes
síntesis, creo que, deliberadamente, a los norteamericanos
no les gustan las grandes síntesis. Hubo muy pocas en la
historia del pensamiento americano. Incluso en la obra de un hombre
como Pierce, que es uno de los intelectuales más influyentes,
en la lingüística especialmente, no hay nada de sistemático
ni de sintético; hay una profusión de ideas y de conceptos
pero difícilmente se puede hablar de una síntesis.
Así que hay una especie de aversión, una modestia
si quieres, que es típica creo del pensamiento norteamericano.
AS: En cambio no dejan de citar a Foucault y a Bourdieu
con una profusión que sorprende
MC: Si, y a Derrida, pero creo que eso es menos importante
que la producción tan densa que se hace por aquel continente.
AS: Gracias, Manuela.
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