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Tras esta introducción histórica a la trama de complejas
interactuaciones religiosas que se dan en Cuba, intentaré
explicar los principales rasgos de uno de los cultos más
desconocidos por las ciencias sociales: El Palo Monte.
También denominado Regla Conga o Bruja, el primer nombre
alude a sus orígenes remontándose, a las prácticas
de los esclavos de la etnia bantú Congo, quienes dominaron
al resto de los grupos étnicos de cultura bantú trasladados
a Cuba desde el África Central y Oriental, Mondongos, Bisongo,
Timbiseros y Mandingas provenientes de los actuales estados de Zaire,
Congo, Angola y Mozambique. Estos acabaron configurando el segundo
culto en importancia de origen africano en Cuba tras la regla de
Ocha o Santería de la etnia Yoruba conocida popularmente
como Lucumí.
Su nombre popular de Regla Bruja obedece a los tonos peyorativos
y de temor que sus prácticas religiosas infunden. Su alto
componente mágico le ha otorgado este calificativo popular
de brujería. Así, cuando en Cuba te hablan de brujos,
básicamente se está hablando de paleros.
El Palo Monte actualmente se encuentra dividido en tres reglas
o tradiciones: el llamado Palo Mayombe (el menos sincretizado),
si nos atenemos a hablar de sincretismo como lo hacía Van
der Leew (1955:589 en Lupo, 1996:12) quien hacía suya la
afirmación de Joachim Wach, según el cual 'cada religión
es un 'sincretismo'. Quien diría que todas las religiones
incluso las culturas son 'sincréticas', es decir, que derivan
de la síntesis y remodelación de rasgos que en su
origen pertenecían a tradiciones diferentes (Lupo 1996:12).
En esa misma línea para Filoramo (1993:703 en Lupo, 1996:14)
el sincretismo es 'un encuentro de elementos religiosos vitales
dotados de una historia propia, que tras ese encuentro se delimitan
recíprocamente en función de un principio guía,
dando lugar a una nueva formación religiosa [...] vital que,
para quien la sigue, se presenta desde dentro unitaria y dinámica'.
La segunda regla del Palo Monte es La Briyumba (que se corresponde
con una mezcla de la tradición Conga con la Yoruba de la
Regla de Ocha) y la Quimbisa, esta última creada por un personaje
llamado Andrés Facundo de los Dolores Petit, quien pretendía
explícitamente unificar la Santería o Regla de Ocha
y el Catolicismo con el culto Congo propiamente dicho, dando lugar
a la Quimbisa, también conocida como Santo Cruzado o Palo
Cruzado.
La etnóloga cubana Lydia Cabrera (1986:198) nos relata en
su libro titulado 'La regla Kimbisa del Santo Cristo del Buen Viaje',
cómo Andrés Petit amalgama los tres cultos en uno
con la expresa intencionalidad de obtener poderes y beneficios terrenales.
Según palabras del propio Petit "para proteger y defender
de venganzas y maleficios a sus partidarios (de la secta abakuá
principalmente)". Con ello define a la Quimbisa como lo que
Lydia Cabrera define "el modelo más acabado de sincretismo
religioso que se produce en Cuba." (1986:19)
Así elementos congos como la nganga o prenda, el animismo
de plantas, agua y tierra, se mezcla con elementos yorubas como
el coco, usado en adivinación o todo el panteón de
orishas yorubas asimilados a cada una de las fuerzas congas. Del
espiritismo kardecista amplia la posibilidad de la comunicación
directa con los espíritus, viéndose respaldada su
comunicación directa con los fallecidos. La influencia del
catolicismo se manifiesta en el uso de crucifijos y a través
de oraciones católicas o inspiradas en él, junto con
la especial adoración del Espíritu Santo. El guía
principal de los quimbiseros es San Luis Beltrán.
Lo que podríamos denominar como sacerdotes del Palo Monte,
especialmente el Mayombe, son escasos a la vez que temidos, infunden
en buena parte de la población un respeto superior al que
producen los sacerdotes de la Regla de Ocha, los babalawos o santeros.
Estos jerarcas paleros son los llamados Tata Enkise o Padre Nganga,
el padrino que controla la llamada prenda o Nganga-Nkiso, el elemento
fundamental de esta religión. Se trata de un caldero o cazuela
de diferentes dimensiones atendiendo al número de habitantes
que en él residen, pues lo ocupan diferentes espíritus
de personas fallecidas.
La Nganga, prenda o caldero de poder está compuesta de los
más variados elementos. El primer paso para confeccionar
una nganga consiste en conseguir el mayor número posible
de huesos de un muerto; popularmente se afirma que se buscan de
gente que en vida hubiese tenido un carácter fuerte y cuanto
más violento mejor. Con los huesos se prepara el llamado
'polvo de muerto', que se introduce en la nganga junto a otros elementos
que varían, dándose un abanico de posibilidades inimaginable
atendiendo a la particularidad de cada nganga. Algunos elementos
que se repiten en la literatura específica sobre el tema
y que he podido observar personalmente son: la tierra obtenida en
un cementerio, piedras de diferentes tamaños, todo tipo de
restos de esqueletos y mutilaciones animales en un amplio abanico
que abarca desde las vértebras de una rata a las de una serpiente;
caparazones de tortugas, caracolas y conchas marinas como los cauris,
espolones de gallo, decenas de plumas de los mismos y el significativo
omnipresente elemento de la cabeza de un perro macho de color negro.
Todo esto aderezado con todo tipo de hierbas y semillas variadas
que se mezcla con las ofrendas a la prenda o nganga, más
el tabaco, el alcohol, los alimentos, las velas y hasta dinero.
Se añaden exvotos litúrgicos que representan deidades,
y los más variados elementos metálicos de la vida
campesina como son azadas, arados, pesadas cadenas, cuchillos y
machetes a cual más oxidado y viejo que el anterior, dispuestos
de forma que circundan la prenda. Y sobre todo y por encima de todo,
regando y manchando absolutamente todo, litros de sangre cuajada.
En efecto toda prenda debe de ser convenientemente alimentada y
fortalecida mediante sacrificios con efusión de sangre. Mediante
el asperjamiento de sangre se vitaliza la nganga y por ende sus
inquilinos. Como refería mi nunca suficientemente apreciado
amigo e informante Carlos, (palero y heredero de una de las ngangas
más grandes que he podido observar), "un buen montón
de mierda", del cual empero cuida como si le fuese la vida
en ello.
Tan variopinto altar religioso es la casa del muerto o muertos.
Establecida a modo de cazuelas pequeñas contenidas en otras
mayores, a modo de capas, en el corazón de la prenda reside
lo que llaman el fundamento de la misma. En una de las prendas que
he podido analizar, encontré una pequeña lápida
de cementerio, hecha de teja y cincelada en latín con el
nombre completo de la persona fallecida. Y en la cazuela del fundamento
de la misma prenda, una serie de huesos envueltos en ropa que incluían
el cráneo del abuelo del actual poseedor de esta nganga,
quien orgulloso afirma que a su muerte él mismo pasará
a formar parte de este curioso ataúd.
Este aparente culto a los antepasados no es tal, pues en dicha
prenda no se venera a aquel abuelo -quien también se encargó
de proteger la nganga o prenda-, sino que el espíritu jefe
o director -cuya fuerza es infinitamente superior a los demás-
es otro, representado en la prenda por una muñeca pintada
de color negro y ataviada de bracero, que se manifiesta en las posesiones.
Estos difuntos no residen en estas cazuelas o calderos por voluntad
propia, sino que han sido esclavizados en el momento en que se los
ha ido a recoger directamente al cementerio. El alma del muerto
es sometida a la voluntad del iniciado a través de un pacto
que los alimenta a ambos. Toda prenda, en su confección,
permanece reposando en un cementerio por espacio de tres semanas;
posteriormente será trasladada a un monte donde se ubicará
de nuevo otras tres semanas, para acabar siendo recogida sin que
el principiante le dé nunca la espalda porque -tal como refieren
los paleros-: "los muertos son muy traidores".
Una vez en casa del palero la nganga deberá ser alimentada
con sangre de gallo y de otros animales, en ofrenda a los muertos
que habitan en ella, en su inicio por lo menos dos veces al mes.
Posteriormente, atendiendo a cada nganga o palero a su cargo, estos
rituales de sangre pueden diferirse en el tiempo.
Tata nganga, también llamado padre nganga, es el dueño
de la nganga madre de la que se han derivado otras. Y es quien tiene
el prestigio reconocido para iniciar neófitos en la práctica
de esta religión, así como construir otras ngangas.
Así mismo posee la facultad de la adivinación, gracias
al pacto mediante actos rituales que establece con los nuevos habitantes
del caldero, a quienes atenderá a cambio de que el muerto
lo obedezca y proteja.
También nos encontramos con Madres nganga, mujeres poseedoras
de una nganga madre, que colaboran en las liturgias de iniciación
con el Tata nganga. En estas liturgias aparecen también figuras
como las madrinas y padrinos que colaboran en la 'rayadura' o iniciación,
una suerte de bautismo del nuevo palero, al que le habilitan o consagran
una nueva nganga.
La posesión de la Nganga o prenda posibilita el empleo de
ésta sin limitaciones, generando alrededor del Tata Nganga
o Tata Nkisi todo un grupo de acólitos religiosos, totalmente
jerarquizados; los bakonfula, ayonfombe y Ngueyo junto con el resto
de ahijados, forman la Casa, que realiza ritos y ceremonias. Las
ngangas o prendas, pequeños o enormes calderos, centro del
ritual del Palo Monte o Palo Mayombe, poseen una carga especial
de energía espiritual, que concede gracias o castiga, atendiendo
a la manipulación y propiedades de esta que hacen sus dueños.
Los paleros afirman que el Palo Mayombe emplea dos ngangas, una
para el bien y otra para hacer daño. Sin embargo mi experiencia
en el campo me demuestra que una misma nganga sirve para los dos
fines. O que la interpretación de bien y mal es relativa,
o en todo caso ambivalente. Se refiere el término Palo Ndoke,
cuando el uso de la nganga es exclusivo para el mal. Por el contrario
la Quimbisa, en oposición a las anteriores, -recordemos que
es la sincretización con el catolicismo y la Regla de Ocha-,
únicamente emplea ngangas para el bien.
A este respecto cabe decir que algunos sacerdotes paleros de la
Regla Mayombe incorporan en sus invocaciones espirituales toda una
serie de retahílas de insultos, todo ello en el vocabulario
congo que pervive, contra la figura de Jesucristo, acompañadas
de la acción de escupirle a un crucifijo. Este símbolo
encarna la imposición religiosa foránea del hombre
blanco que ha perseguido y mermado su tradición.
Para los paleros existe un Dios supremo, expresión de una
fuerza máxima creadora del universo, a la que llaman Zambi,
Nzambia, o Mayimbe, del cual emana la fuerza de los mpungos o fuerzas
mágicas. Estos mpungos son sólo fuerzas, seres incorpóreos
que nunca devienen en antropomórficos como los orishas, foldunes,
santos o vodues, aunque en el Occidente de Cuba por la influencia
de la Santería, se les sincretiza con los orishas y los santos
católicos. Los principales mpungos son:
Remolino Cuatro vientos, el Niño de Atocha santero. Se trata
de la fuerza benéfica del viento.
El Viento Malo, que es el Ánima Sola santera. La fuerza maléfica
del viento.
Lucero Mundo, el niño Jesús. Fuerza benéfica
del viento que recorre los caminos.
Sarabanda, San Juan Bautista. Fuerza del fuego y de los metales.
Sebangandó, San Norberto. Fuerza de los animales y el orden.
Sobayende u Obayende, San Lázaro. Fuerza de las enfermedades.
Kenké, San Silvestre. Fuerza de la vegetación.
Tiembla Tierra, la Virgen de las Mercedes. Fuerza de la paz y la
concordia.
Ntala-Nsamba, San Cosme y San Damian. Fuerza de los gemelos.
Siete Rayos Punto Firme, Santa Bárbara. La fuerza del Rayo.
Madre Agua, Virgen de Regla. Fuerza del agua y de la maternidad.
Chola Unwemwe, Virgen de la Caridad. Fuerza de las riquezas y del
amor carnal.
Centella Ndoke, Santa Teresa de Jesús. Fuerza de la muerte
Paralelo a los mpungos, otro elemento destacado en el Palo Monte,
lo ocupan las firmas (una serie de símbolos gráficos,
totalmente sagrados), que identifican a cada mpungo o fuerza y así
mismo a cada difunto que es requerido en las ceremonias. Existe
toda una compleja trama de firmas que son trazadas con cascarilla
(un polvo parecido al talco o yeso) atendiendo a la explícita
intencionalidad ceremonial y que al fin de la misma se borrarán,
evitándose siempre en el desarrollo de la ceremonia que estas
queden visibles ante la mirada de otros paleros o iniciados, que
podrían invocar con ellas los espíritus personales
propios. Otras firmas están trazadas de forma permanente
en la prenda o en jícaras, una serie de piedras pintadas
con los motivos mágicos.
Los espíritus representados por sus firmas acudirán
en auxilio de aquello que pida el palero, este siempre protegido
por su espíritu o espíritus principales de la Nganga
con quienes tiene ya unos pactos establecidos.
Se trata de un proceso idéntico al establecido en la magia
cabalística medieval, cuyos grimorios de invocación
estaban plagados de este elemento vehiculador, el sello o firma
mágica que comunica al invocante con la fuerza sobrenatural.
Pero a diferencia de alquimistas y brujos medievales, algunos paleros
o asistentes a la ceremonia ritual son poseídos por alguno
de los espíritus difuntos invocados, lo que popularmente
se conoce en Cuba como el caballo brujo. El espíritu cabalga
un cuerpo que ha sido abandonado a tal efecto.
Mientras que en el acto de posesión en la Regla de Ocha
el orisha toma el control de todo el cuerpo del creyente, el mpungo
o fuerza conga solo lo hace de la nuca y cabeza de su devoto.
El elemento del trance y la posesión, es común y se
encuentra en todos los cultos afrocubanos. Las ideas de Allan Kardec
encontraron terreno abonado en Cuba, siendo el espiritismo una de
las expresiones religiosas de mayor acogida entre todos los sectores
poblacionales, con una vivacidad y actualidad sorprendentes. Su
éxito estriba en que dichos espíritus o muertos transmiten
por medio de su intermediario opiniones consideradas veraces por
el individuo que consulta al poseído.
Parafraseando a Ileana Hodge y Yalexy Castañeda el espiritismo
en Cuba es utilizado por un amplio espectro religioso, con la función
de ser utilizado por los creyentes en base a resolver problemas
de diferente índole. Así alcanzó difusión
y arraigo entre los sectores más pobres y desposeídos,
convirtiéndose en un medio asequible y poco complicado para
canalizar y tratar de dar solución a diversos tipos de situaciones
(Hodge - Castañeda, 1998:4). Función que realiza también
en el Palo Monte todo ritual efectuado con la intención de
provocar un acontecimiento o cambio en la vida del individuo, como
puede ser la consecución de un trabajo, dinero, curación
de una dolencia o mal, etc...
Ninian Smart asegura que la mayoría de prácticas
religiosas indígenas africanas coinciden en la existencia
de una deidad creadora, con la que los individuos apenas tienen
una relación ritual directa con él. Y que la mayor
parte de la actividad religiosa se dirige a otras categorías
de entidades espirituales que afectan directamente a la vida de
las personas y las comunidades. Diferentes entidades espirituales
interactúan con los distintos grupos de la comunidad. Así
los antepasados suelen ocuparse del bienestar de sus propios descendientes,
quienes, a su vez, deben mantener con aquellos relaciones rituales
adecuadas. Las deidades y otros espíritus se ocupan de la
productividad de la tierra o del bienestar de comunidades sociales
más amplias, como los poblados o las tribus (Smart 2000:196).
La religión africana no se preocupa por conseguir la salvación
eterna en una vida después de la muerte, sino por mantener
el bienestar de la comunidad en la vida presente. Teniendo en cuenta
este objetivo principal, buena parte de las prácticas religiosas
están destinadas a asegurar la buena fortuna y a alejar las
desgracias. Las desgracias se achacan a la incapacidad de los hombres
para mantener las relaciones religiosas apropiadas con las entidades
espirituales (Smart 2000:196-197).
Como podemos ver la magia es el medio por el cual se intenta equilibrar
todo lo clasificado como bueno o malo y que puede incidir en el
desarrollo de la vida diaria.
La crítica situación económica cubana junto
con la nueva etapa de globalización y de constantes flujos
inmigratorios, han logrado establecer este tipo de cultos allá
donde históricamente jamás han tenido presencia, apareciendo
especial y significativamente en dos países como son Estados
Unidos y España.
Emergiendo a menudo bajo el paraguas de la moda que es la New Age,
donde tienen cabida todo tipo de manifestaciones, desde el chamanismo
a la santería. Estas nuevas formas de afrontar lo divino,
parece que están viviendo una rápida expansión
a lo largo y ancho de no solo la piel de toro, sino todo occidente,
puesto que ofrecen no solo un culto religioso equivalente a los
oficializados, sino que además conllevan la novedad de ofrecer
soluciones prácticas a todo tipo de males que aquejan a los
humanos, desde la salud a los problemas materiales, como pueden
ser la falta de amor o la de dinero.
Tal como afirman Stark y Bainbridge (1985:14), los bienes religiosos
consisten principalmente en compensadores ofrecidos como promesas
de bienes (rewards) que son escasos o no pueden ser conseguidos
por medios naturales. Estos compensadores religiosos se basan en
la existencia de poderes sobrenaturales y que por ello no son susceptibles
de ser evaluados fehacientemente. En el caso de la religión
cristiana se nos ofrece la salvación eterna, pero cultos
como el Palo Monte, lo que nos ofrecen en definitiva es una vida
feliz.
Quizá por ello en Brasil se detecta el ejemplo más
claro, que está en la incapacidad de las Iglesias institucionalizadas
por detener en el avance imparable del Candomblé y la Umbanda,
los equivalentes a la Regla de Ocha o Santería y el Palo
Monte en el país carioca. Hay distintos cálculos sobre
la magnitud del fenómeno umbandista que llegan a atribuirle
30 millones de fieles (sobre una población total de 130 millones);
datos como éste sólo son especulaciones poco confiables,
pero sirven para dar una idea de las dimensiones del culto (Giobellina,
2000:15).
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